sábado, 24 de enero de 2009

PIQUES CORTOS.


Joshua, Roberto, George y John, son cuatro amigos de la clase alta limeña, como todos los jóvenes acomodados han estudiado en colegios privados de la capital, viven con generosidad hedonista, full diversión cada noche de semana, en las playas de Asia o, en la vías y avenidas importantes de los barrios residenciales, haciendo los conocidos piques, aprovechando la falta de control de sus padres.

A estos jóvenes no se les escapan las hembritas de otros barrios de clase media o baja, a donde acuden a “practicar” sus grandes dotes de don Juan. Así muchas veces no solo se burlan luego de lograr satisfacer sus instintos animales, sino que cada uno en innumerables ocasiones no reconocen los embarazos, más bien les sirve para vanagloriarse y alimentar su ego.

Cada fin de semana, buscan divertirse a su manera, como han sido acostumbrados y mimados desde niños, con sus automóviles de lujo que oscilan entre los $50,000 y $70,000 dólares cada uno, que papito les regaló para que no los molesten, mientras ellas y ellos se dedican al te, la canasta o tirarse una canita al aire con la secretaria joven, o los filetes que abundan en Miraflores.

Las madres aburridas por el paso de los años, con una crecida ludopatía algunas y otras empedernidamente ludópatas, viven y sueñan para el juego, las apuestas, ellas dicen que así se distraen y dejan de joder en casa. La lucha contra la gordura es permanente, sus cuerpos flácidos a punta de dietas y por falta ejercicios. El Spa y los gimnasios de moda son visitados rutinariamente, pero solo es un lugar de tertulia, de conversación, los maquilladores, la mayoría gay, se ganan con los datos que escuchan de tal o cual mujer.

Abandonadas a su suerte por el desinterés de sus maridos, también maduros como ellas, acuden a los casinos de moda. Lugares lúdicos donde buscan ansiosamente ganar en las apuestas, buscando la mirada de los jóvenes que van a esos lugares en busca de una “vieja” que les levante el bolsillo. Ansiosas esperan que un joven pose sus ojos en sus regordetas figuras. La ansiedad las domina y se les lee en los ojos, cuerpos y almas que sufren por el abandono de las caricias amorosas. Quieren ser amadas urgentemente, con desesperación y ansiedad. Les sobra billete en la cartera y deseos entre las piernas.

Allí, en esos casinos de luces multicolores de figuras diabólicas y pisos alfombrados, no solo pierden el dinero que reciben generosamente de sus maridos o, lo que han heredado de sus padres, producto de una fortuna mal habida. En la mayoría de los casos salen acompañadas de jóvenes que se buscan un sencillo por satisfacer sus apetitos sexuales; además de su propia dignidad desperdiciada.

Mientras sus maridos en residencias alquiladas para sus citas clandestinas, dan rienda suelta a sus bajos instintos. Han bautizado los fines de semana como el día de la perdición, del adulterio. Día del matrimonio popular, arman bodas y cumpleaños de sus secretarias, despedidas de solteros y solteras. Siempre hay programadas supuestas “reuniones” de directorio, reuniones de emergencia por tal o, cual razón.

Sus círculos están cargados con mucho licor, perreo, música reggetonera, el hip hop y jóvenes acompañantes de clase A1, que satisfacen sus necesidades sexuales a cambio de dinero, pago de pensiones para estudios universitarios o regalo de departamentos y línea blanca.

Son en su mayoría dueños de empresa, funcionarios del Estado o de la empresa privada, ministros, congresistas y generales de las FFAA y PNP, que buscan explorar nuevos horizontes, nuevas aventuras para darle sentido a sus vidas; es que ya no encuentran en sus hogares lo que la madurez y los años han dejado en ellos y sus mujeres, quieren caricias de mujeres jóvenes, cuerpos duritos y aliento sensual y perfumes baratos.

Además el maquillaje y la liposucción no borran las huellas de los espacios, la flacidez de sus cuerpos, ni la pesadez de los fluidos corporales y sensoriales de sus mujeres, que deben aguantar por el contrato sagrado del matrimonio, por un papel firmado, al cual aborrecen y quieren incinerar, pero las costumbres de esta sociedad no los permite.

Ayer no fue un fin de semana cualquiera, hubo de todo, desde tragos exóticos y mujeres livianas y carreras hasta la medianoche, la policía ni se mete porque saben que recibirán una llamada de algún general de la policía amigo de los padres o socio en las empresas de seguridad, los vecinos tiene que aguantar el ruido molesto que provocan los vehículos de estos “hijitos de papá”, hasta cuándo, se preguntan algunos vecinos, molestos pero impotentes.

Pese a la gran amistad que había entre los cuatro amigos, existía una rivalidad entre Roberto y John, porque ambos eran atléticos, eran los que más conquistas habían logrado entre las chicas y los que no les interesaba llegar a la violación para saciar sus bajos instintos.

Una chica de nombre Margot había sido enamorada de John por varios meses, los amigos decían que estaban flechados ambos y las chicas juraban que llegarían al altar, pero se pelearon debido a que John era consumidor de marihuana y a ella no le gustaba esa nota.

Roberto en silencio deseaba a Margot, soñaba con ella, dormía con ella, el deseo era superior a su racionalidad; la observaba detenidamente cuando estaba al lado de su amigo, con su mirada lasciva la recorría de pies a cabeza, ella ya se había percatado de ello y le hacía el juego, a veces le sonreía de manera incitadora, otras veces lo miraba con indiferencia, pero él ahí, todo el tiempo, esperando su momento, para mostrarse.

Roberto sabia que su amigo ya había entrado en la intimidad de Margot, la había recorrido de pies a cabeza, como la canción, pero eso no le importaba, juraba mentalmente que esa hembra era para él, lo podía sentir, solo era cuestión de tiempo y él tenía mucha paciencia y esperaba que su amigo John la descuidara uno de esos días y “fierro a fondo”.

Así fue como una tarde se encontró con Margot en la Avenida Juárez y la saludó. Se preocupó por ella al observarla que venía con el rostro lloroso, había peleado definitivamente con John. Lo había sorprendido besando a una chica que había llegado al barrio, su reacción fue darle una cachetada en el rostro y salir corriendo.

Mientras Margot lloraba a cantaros, Roberto pensó-llegó mi oportunidad- la consoló cariñosamente, la apoyo moralmente con sanos consejos, la ayudó a llevar su pesada cruz, finalmente viéndola débil anímicamente la acompañó a su casa, la madre de Margot una mujer viuda había salido, estaban solos, el destino lo había colocado en posición muy ventajosa.

Ella se quejaba de haber sido demasiado fiel a John y este le pagaba con una mala moneda, Margot no dejaba de llorar, maquinalmente se dirigió al bar, ella agarró una botella de vino sirvió dos copas y le alcanzó uno a su acompañante, se sentaron junto y comenzaron a beber, pero ella seguía llorando buscando consuelo a su dolor, mientras él la seguía acariciando en el hombro y la ayudaba a desahogarse, le susurraba al oído palabras de consuelo.

Cuando de pronto ambos como llamados por un deseo malsano, se vieron así mismos acariciándose, besándose con desesperación y luego consumando una relación, donde se mezcló el sentimiento de venganza de ella, con el deseo sensual de él, tantas veces postergado y aguantado.

A partir de ese instante Margot salió con Roberto para olvidar a su antiguo amor y John buscó vengarse de ellos, una noche que la neblina se comía el piso, estaban reunidos los amigos en la esquina de la Avenida del Aire, porque John había desafiado a Roberto a un pique corto de medio kilómetro, el que ganaba se quedaría con Margot.

Ambos, antiguos amigos de aventuras y amores perdidos, hoy enemigos por el amor de una mujer, mientras los amigos hacían barra a uno y otro contrincante, estos aceleraban sus maquinas causando un ruido ensordecedor en la avenida y los vecinos en sus casas lanzaron imprecaciones que no se pueden reproducir.

Un fulano aburrido del ruido constante y continuo, del abuso de los pitucos y de la falta de seguridad ciudadana, la ausencia de tombos, a mitad de recorrido donde se realizaba la competencia, cruzó la pista de manera natural, como quien no quiere la cosa y de sus bolsillos comenzó a caer a la pista por donde pasarían los carros a toda velocidad un cúmulo de tachuelas gigantes, ya le había llegado todo, ruido, abusos, policía, tráfico, todo se iría a la porra.

Vió que los vehículos salieron a gran velocidad, a 300 metros Roberto ganaba por una nariz, precisamente en ese instante pisan el acelerador y llegando a los 400 metros las tachuelas hicieron su efecto reventando las cuatro llantas de ambos carros, y se produjo un accidente grave, al chocar ambas maquinas que los pilotos no pudieron controlar, quedando como saldo dos muertes espantosas.

Mientras sus padres se divierten a su manera, cada uno por su lado, al otro lado de la ciudad, así acabaron estos jóvenes amantes de la diversión, de los piques cortos. Con seguridad los familiares llorarán la ausencia de sus queridos hijos, pero está comprobado que eso será por unos días, luego retomarán sus actividades rutinarias. Quizá se arrepienten de no haber corregido a tiempo estos errores en el cuidado de sus hijos. Margot se quedó sola, perdió soga y cabra.

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