SENSACIONES

SENSACIONES
Nuestras sensaciones más íntimas...

miércoles, 13 de julio de 2016

Siempre estuviste allí


Cuando te conocí, pensé inicialmente y me dije, que tú serías la compañía esperada y deseada, la amiga que buscamos con ansias, la mujer que cubre nuestros sueños, que alumbrara mis días grises de neblina, la amante en nuestras noches de pasión, la madre de los hijos que ansiosos esperamos.

Siempre estuviste allí con la mirada alentando mi batallar, siempre conmigo, en momentos de alegría suprema y de aguda tristeza, cuando el carbón centellaba miles de pavesas y el calor que desprendía, alcanzaba nuestros cuerpos desnudos, que clamaban amor a cualquier precio y en cualquier lugar.

Nunca dude de ti, siempre estuviste en ese lugar, en ese meandro de la vida, en esa curva definitiva, esperando con impaciencia, con ansiedad y a veces con desdén, que mirara tus ojos y admirara tu belleza de antología; por qué no te fuiste a tiempo y borraste de un plumazo los recuerdos que te atan al pasado.

Hoy al final de nuestros días apasionados, de nuestros quereres frígidos, queda mirarnos con indiferencia, después de habernos amado con pasión, miraremos cada quien el futuro que se abre con incertidumbre, buscando recuperar el tiempo perdido, en los brazos de un amor desconocido que nos enerve el espíritu.



sábado, 7 de mayo de 2016

A la madre ausente


Tu ausencia se ha prolongado tanto, que mi llanto no logra cubrir el tiempo perdido, han pasados tantos años, no tengo recuerdos de ti, el tiempo se encargó de borrar tus huellas, se llevó tu perfume y tus recuerdos.
Sin embargo, pese a ello  a no tener ninguna ligazón, extraño tu presencia, hacen seis décadas que no sé de ti, sé que partiste a un lugar lejano por razones que solo conocías tú.
De niño te busqué en cada rincón de la casa paterna, te llamé en mis noches de insomnio y dolor lacerante, en mis días de juego acariciaba tu figura, como un fantasma me acompañabas en mis juegos.
Cada navidad soñaba que llegabas cargada de juguetes, cada cumpleaños apagaba las velas vacías, sentía la necesidad de cobijarme en tus brazos, en sentir el palpitar de tu corazón o que me dieras un abrazo.
Hubo manos amorosas que acariciaron tiernamente mi niñez, oraciones y besos de buenas noches, escuchaba relatos de muchos cuentos que me transportaban a tus brazos, donde dormía plácidamente.
No respondías a mis llamados, nadie respondió mi pregunta cuando indagaba por ti, habías partido en un viaje tan largo, estabas en el espacio infinito junto a las estrellas, cerca de la luna y reflejando la luz del sol.
Cuándo tendré la dicha de conocerte, de darte un beso prolongado en la mejilla, será en otra dimensión quizá, nos encontraremos en espíritu y volveré a ser niño en tus brazos.


jueves, 17 de diciembre de 2015

El tordo del jardín



Caminábamos de  la mano despreocupados entre jardines y bancas vacías, entre personas y mascotas, él queriendo alcanzar el limonero y ver de cerca los limones verdes aún, como cada mañana transitábamos por ese lugar que tanto disfruta.

Fue Alejandro en su media lengua de 1 año 8 meses, quien emocionado corrió señalando a un pequeño tordo, que saltaba en el jardín, asustado, huidizo tratando de  volar, sus alas pequeñas no respondían a su gran esfuerzo.

Los padres del tordo, preocupados sobre los arbustos aledaños, lo alentaban, lo llamaban para que regrese al nido ajeno donde nació, el pichón entre tallos de rosas, nastuerzos y geranios,  trataba de escabullirse y protegerse.


Las personas y animales que paseaban amenazaban su seguridad, cantaba con temor llamando a sus padres, buscando protección, cobijo, sus padres con chillidos agudos respondían su llamado, lo alertaban y le daban confianza. 

domingo, 25 de octubre de 2015

El Pasaje Quilla (Luna)


Pasaje Quilla, 2015

Regresé después de muchas lunas nuevas, la casita modesta estaba en el mismo lugar, con su puerta y ventana de fierro, por la que tantas veces miré el exterior de mi vida, buscando una razón para seguir adelante, una luz que iluminara mi camino aún incierto.

El pequeño jardín  exterior enrejado, una especie de guardián contra amigos de lo ajeno, al ingresar muchos recuerdos se apiñaron en mi mente, el interior vacío y las paredes despintadas por el tiempo, guardan el eco de mi voz adolescente y mi juventud impetuosa.

En el último dormitorio donde mi abuela dormía sus últimos años, en una cama de colchas rojas y frazadas andinas, cuyo amor y consejos hasta hoy añoro, pude sentir su presencia y recordar las innumerables veces que disfruté de sus consejos y compañía.


No era el ayer que se quedó dormido en los setenta, es el presente con sus redes sociales, no estaban los amigos ni vecinos de antaño, algunos partieron definitivamente, otros se mudaron, solo quedó la nostalgia en mi corazón y mis huellas en las veredas del pasaje luna.