SENSACIONES

SENSACIONES
Nuestras sensaciones más íntimas...

lunes, 15 de diciembre de 2014

El mundo es un pañuelo.


El mundo es un pañuelo, blanco, negro o de colores, según el cristal con que se mire, según lo ven las personas.
El mundo es una pequeña isla en el océano, fascinantemente perdida y a merced del vaivén de las olas.
El mundo es una estrella lejana en el confín del universo, perdida entre constelaciones, un sueño volátil.
¿El mundo será solo un pañuelo?
No, es más que ello.
Es ese lugar en el que se funden historias, imágenes y seres; alegrías, éxitos, tristezas, llantos y penas de seres diversos.
Seres humanos, felices, infelices y dudosos de sí,  que divagan en un mundo gaseoso, material o inmaterial.
Personas que buscan un rumbo en sus vidas, una razón para existir, chocan con una pared y rebotan.
Regresan con más fuerza, luchan con tesón, se mueven  y solo encuentran migajas a la vuelta de la esquina.
Esa esquina esquivamente iluminada con débil luz, que esconde sueños húmedos y besos escondidos.
Luz que invita a los amantes musitar quedamente su amor, gozando de la penumbra y el silencio.

Alrededor se unen todas las razas, todos los colores, todas las religiones, el amor es el poder del universo.
Foto: REUTERS

domingo, 16 de noviembre de 2014

El abuelo Antonio.


Era Abril de 1949  y la ciudad despertaba del largo letargo friolento de la noche. Abril, mes de la constelación Aries y del dios Marte o Ares, sus mañanas iluminaban la pequeña ciudad andina, eran radiantes y frías. Un sol luminoso, bajo el manto de un cielo azul intenso que llenaba de alegría y magia el espíritu de los pobladores.

El frío mañanero era penetrante se sentía en los huesos, se observaba en las bocanadas de vapor que salían de las bocas de las personas, es que pese al brillo del sol abriendo por el Este, sus rayos a esa hora llegaban débilmente, casi como una suave caricia y las personas buscaban abrigarse con prendas gruesas para protegerse de las inclemencias de la naturaleza, por lo menos las primeras horas del día.

Con seguridad al mediodía tendrían que desprenderse de esas prendas gruesas, porque el sol calentaba con fuerza y es que, a esa hora, toda la población estaba en actividad intensa, casi febril, por todos lados de la pequeña ciudad había movimientos de personas, atendían los numerosos negocios abiertos, para atender a los vecinos y las personas realizaban sus actividades de todo tipo.

Esa mañana fría, como todos los días Antonio Bonifas se levantó muy temprano casi con el crespúsculo náutico matutino, esos minutos que nos regalaban las madrugadas entre la claridad del amanecer y el orto del sol, llamó a su esposa Helena y la empleada María le respondió que había salido a comprar algunos artículos a la tienda de Don Joaquín Tomashiro con la niña Rosa, quien tenía 25 años.

Helena desde hacía 15 días acompañada de Rosa y de manera subrepticia salían de casa llevando algunas prendas y también artículos de primera necesidad, sin decir una palabra, las dos mujeres se dirigían con dirección, por el momento desconocida. Tampoco se sabía a quién iban a visitar todas las mañanas. Caminaban presurosas, de cuando en cuando volteaban la vista para observar si alguien las observaba, pero constataban que la calle por donde se desplazaban a esa hora estaba completamente vacía.

Solo las vendedoras de leche con  sus acémilas descansando, quienes se apoderaban de algunas esquinas de la ciudad, dominaban el panorama matutino. Llegaron a una puerta de madera color verde petróleo, tocaron, alguien les abrió los goznes chirriaban y desaparecieron en su interior y esperaron en el zaguán antiguo, posteriormente, atravesando un patio lleno de flores, ingresaron a un ambiente.

Antonio después del aseo personal, y afeitarse con su navaja de barbero, se dirigió a la cocina comedor donde lo esperaba un buen desayuno con panes calientes de su propia panadería, que funcionaba en un local frente a la casa, disfrutó, gozó como cada día, del desayuno con mucho deleite y salió agradeciendo, se puso el sacón de paño azul marino que lo acompañaba desde hacía cinco temporadas y el sombrero de fieltro heredado de su padre y salió al exterior, barrió con su mirada escrutadora ambos lados de la calle donde vivía, cuyo piso de tierra tenía las huellas húmedas del amanecer.

A media cuadra de distancia pudo divisar a su esposa Helena del Carmen acompañada por sus hija Rosa que se dirigían en dirección de la casa de su compadre Jorge Verástegui, pensativo se preguntó-adónde irá Helena a estas horas- prosiguió sus pasos que lo llevarían hacia el local de la panadería, cruzó la calzada de tierra, abrió la puerta chica del inmenso portón y sus articulaciones chirriaron, recordándole que pedían a gritos una lubricada de sus partes metálicas tan viejas, como la madera de pino del que estaba hecha.

Alargó sus pasos, cruzó el largo pasadizo, el eco de sus pisadas en el piso empedrado retumbó, miró la pileta cuyas gotas congeladas tenían formas caprichosas simulando una caída. Ingresó al interior del local donde funcionaba el horno de arcilla, donde trabajaba diariamente desde hacía veinticinco años y saludó a sus tres colaboradores con afecto, ellos estaban en febril actividad  sacando del horno los últimos latones con los panes calientes. Los primeros panes habían salido muy temprano para su distribución a las personas de toda condición, que esperaban ansiosos los panes calientes y sabrosos de la panadería Don Antonio, considerados una delicia y los mejores de la localidad.

Antonio permaneció en el horno hasta las 11 de la mañana y dio disposiciones a los trabajadores para preparar lo concerniente para la tarde. Salió a estirar las piernas, dirigió sus pasos a la calle Grau y subió la empinada pista de tierra, con paso lento pero seguro. Llegó a la Plaza de Armas, se persignó frente a la catedral, se encontró con Epifanio el vendedor de periódicos y revistas, intercambió saludos y recibió El Comercio del día anterior, así llegaban los diarios a provincias, le recordó que esa noche ensayaban, con su amigo Ambrosio, formaban el trio Gato Negro, ofrecían serenatas y amenizaban cumpleaños y matrimonios en la ciudad y los pueblos aledaños con mulisas y huaynos propios de la región. Antonio tocaba el violín como los dioses.

Prosiguió su paseo, visitó al boticario por una dolencia a la cadera que lo acompañaba varias semanas que se agudizaba por el frio, recibió el remedio pagó y se despidió con un apretón de manos, se cruzó con varias personas a quienes saludó formalmente entre hombres y mujeres que lo conocían, y eran sus clientes habituales, se dirigió al gran almacén de su compadre Victorio, en esta gran tienda se encontraba desde una aguja hasta una máquina de coser Singer a pedal y desde una harmónica  o rondín hasta instrumentos mayores de viento y cuerda, Victorio mostraba las últimas novedades traídas de la capital.  

Antonio siempre observaba con detenimiento un hermoso violín que se lucía en un escaparate, era de construcción francesa-cuánto deseaba adquirirlo- su situación económica no le permitía, pero para él con siete hijos que mantener era muy costoso, soñar no cuesta nada, volvía a preguntar nuevamente a su compadre por el precio y nuevamente movía la cabeza negativamente, su compadre entendió el mensaje, para otra oportunidad será, se despidió de Victorio y salió del almacén mejor abastecido de la ciudad y el sol en el cenit le recordó que debía regresar a la casa para almorzar, así que, alargó los pasos pese al dolor de la cadera y en menos de siete minutos ingresaba a su hogar, ya todos estaban esperando que llegara para sentarse en la gran mesa del comedor y como todos los días almorzar juntos, solo que, faltaba su esposa, que se demoraba en llegar.

Todos sus hijos lo miraban preocupados, porque conocían la firmeza de su carácter, también faltaba la mayor de las hijas y Antonio no se había percatado, hasta que preguntó por ella, adónde va su madre todos los días en la mañana acompañada de Rosa, a propósito dónde está Rosa. Ricardo el mayor de los hermanos le comentó que habían salido para visitar a una señora que había dado a luz, lo cual era cierto.

Todos en casa compartían un secreto que su querida madre les había pedido guardar, por lo que nadie se atrevía a delatar, hasta que, la menor de todas las hijas Elivia que tenía 15 años de edad y por la que Antonio tenía predilección por ser la menor, le dijo papá es que Pedro ha tenido un hijo con Antonia una chica del barrio. Pedro solo tenía 17 años y era un estudiante.

En esos instantes ingresaron Helena y Rosa, todos volvieron la mirada hacia su padre, luego miraron a su madre y hermana, las dos se quedaron paradas muy sorprendidas en la puerta, de inmediato Petronila se percató que Antonio Bonifás ya sabía el secreto que desde casi un mes guardaban celosos toda la familia, por no contrariar a su padre.

Al verlas ingresar y luego del saludo, entre enojado y gozoso por la noticia, les reprochó no haberle informado en su debido momento, lo que estaba sucediendo a su alrededor y mucho menos que no le dijeran, que el menor de sus hijos lo había hecho abuelo. Rápidamente olvidó la amargura y el mal momento, y de inmediato, preguntó por su nieto y dispuso que fueran a recogerlo junto con su madre. No faltaba más orden, salieron aligerando el paso la abuela Helena y Rosa, en menos de lo que canta un gallo ya estaban de regreso.

Así fue como Jorge Anselmo a sus escasos 36 días de nacido, ingresó en los brazos de su madre, por la puerta grande a la casa paterna, todos estaban reunidos en la sala de la casa, fue recibido con alegría y todo el amor que se le puede dispensar, a un recién nacido y nuevo integrante de la familia, la casa bullía de alegría y felicidad, las empleadas sonreían de alegría, entraban y salían después de ver a Jorgito. Toda la familia estaba muy emocionada al verlo entre pañales blancos y frazada colorida de lana, bien abrigado de pies a cabeza, ingresando a la casa ese día de Abril que nunca olvidaremos.

Algunas lágrimas furtivas se perdieron en los ojos del abuelo, la emoción lo embargó cuando por fin lo tuvo entre sus brazos, se percató de la fragilidad de ese cuerpito pequeño, indefenso, que necesitaba todo el amor y ayuda posible; lo acarició, lo besó y exclamó internamente cerrando los ojos para sí mismo –mi nieto querido-.

Desde ese día, cada mañana al levantarse Antonio y Helena, lo primero que hacían era ir a ver, cómo había amanecido su querido nieto, y así, el tiempo fue pasando, a veces rápido, a veces lento. Jorge creciendo, fortaleciendo sus piernas y brazos, alimentándose con la mejor leche y rodeado del cariño de sus padres, tíos y especialmente de su abuelos.


  

sábado, 11 de octubre de 2014

Presentación del libro "La Prensa de ocupación. Lima 1881-1883"

El día 9 de Octubre 2014, en la Asociación de Oficiales de las Fuerzas Armadas y PNP (ADOFAIP), con gran suceso se realizó la presentación del libro “La Prensa de ocupación. Lima 1881-1883”, del Coronel EP “R”, Licenciado en Comunicación y periodista de investigación Angel Arturo Castro Flores.
La presentación estuvo a cargo del Dr. Eduardo del Águila Horna y del Dr. José Antonio Páez Warton.
El Dr. Eduardo del Águila, durante su disertación expresó: “La ocupación de Lima vista desde una perspectiva informativa en la que la Fuerza de ocupación Chilena emplea las operaciones psicológicas para impactar al ciudadano limeño es bastante novedosa. Es interesante conocer la gran variedad de Diarios que circularon durante la ocupación de Lima y los contenidos de sus mensajes. El autor analiza los principales editoriales de los diarios: La Actualidad, La Situación, Diario Oficial de Lima y El Comercio de Lima, fundados por las autoridades chilenas de ocupación, así como El Pueblo y La Tribuna, autorizados a funcionar para apoyar al general Iglesias, estableciendo los principales mensajes que afectaron el sentimiento patriótico de la ciudadanía. La respuesta a estas acciones de propaganda, estuvo a cargo de los diarios La Bolsa y, El Orden, este último fundado, para apoyar al gobierno Provisorio de Francisco García Calderón”.
Por su lado el Dr. José Páez Warton, expresó “La actuación de la prensa de ocupación giró en torno de dos temas cruciales o centrales, que estratégicamente quería lograr Chile: el tratado de paz con cesión territorial y destruir el Ejército de Andrés A. Cáceres porque era un peligro para sus intereses. Las opiniones precedentes han sido posibles porque el Coronel del Ejército Angel Arturo Castro Flores tuvo la feliz iniciativa de abordar un tema prácticamente desconocido, lo ocurrido con la prensa en Lima durante la ocupación chilena entre 1881 y 1883. Para ello efectuó una laboriosa búsqueda de información en diversas fuentes, especialmente en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional y en la Hemeroteca de la Biblioteca de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos”.
Posteriormente a su turno el autor de la obra, realizó una exposición ilustrativa sobre el contenido del libro, iniciando con el escenario limeño al momento del ingreso de las fuerzas chilenas, las principales medidas que tomaron para el control de la población, la fundación de los diarios y la creación de una oficina recaudadora; un capítulo dedicado a la evolución de las Operaciones Psicológicas a través de la historia, para seguidamente presentar las principales imágenes de las portadas de los diarios de ocupación, con sus principales características y el contenido de los editoriales debidamente analizados. Expuso además, el rol que cumplieron los diarios La Bolsa y El Orden.
El General de Brigada en retiro Edmundo Díaz Calderón, Presidente del Consejo de Administración de la Cooperativa de Ahorro y Crédito “Promoción Tahuantinsuyo, entregó una placa de reconocimiento al autor de la obra, quien integra el Consejo de Administración de esta Cooperativa, en reconocimiento a su esfuerzo en investigar temas tan importantes para la historia de nuestra patria.
Finalmente se realizó un brindis de honor y la clásica firma de los libros a cargo del autor, quien fue reconocido y felicitado por los asistentes.












jueves, 2 de octubre de 2014

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LA PRENSA DE OCUPACIÓN. LIMA 1881 – 1883”.


El Periodismo Peruano se reafirma en su labor investigativa al presentar la obra titulada “La Prensa de Ocupación. Lima 1881-1883”, del autor Ángel Arturo Castro Flores. Publicación que aborda la problemática comunicacional y propagandística en ese periodo y es fruto de una investigación exhaustiva, que ha durado aproximadamente tres años.

Durante la ocupación de Lima por las fuerzas chilenas entre el 20 de Enero de 1881 y el 20 de Octubre de 1883, el gobierno de ocupación dispuso la publicación de cuatro diarios, para apoyar sus operaciones estratégicas y autorizó la publicación de otros periódicos con la condición de apoyar al General Miguel Iglesias. Estos diarios fueron: La Actualidad, La Situación, El Diario Oficial y El Comercio (apócrifo).

“La Prensa de Ocupación. Lima 1881-1883”, analiza el mensaje difundido por cada uno de estos diarios, que se encargaban de sembrar el pensamiento chileno en la ciudad ocupada, además de dividir aún más al Perú. Estudia también a su contraparte, los peruanos La Bolsa y el Orden, quienes trataron de mantener la unidad nacional y el espíritu peruano frente a la maquinaria desinformativa sureña.

La presentación de la obra se realizará el 9 de octubre del presente a las 11:00 horas, en la Asociación de Oficiales de las FFAA y PNP (ADOFAIP) sito en Av. San Felipe 379 - Jesús María.

ACERCA DEL AUTOR


Ángel Arturo Castro Flores nació en la ciudad de Jauja el 23 de marzo de 1949. Es Coronel en retiro del Ejército del Perú y Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Alas Peruanas. Es periodista de investigación y su primera obra, “La Prensa Limeña en la Guerra con Chile” fue publicada por el Fondo Editorial de la Universidad Alas Peruanas en el año 2008.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Presentación de obra La Prensa de Ocupación. Lima 1881-1883

Estimados amigos, en breves días estaré publicando mi segunda obra “La Prensa de ocupación” Lima 1881-1883. El lugar, fecha y hora les haré conocer por este medio. 
Me gustaría contar con vuestra amable presencia.
Atentamente.
Artucas.

martes, 18 de febrero de 2014

“Thatcher”.




El Departamento de Piura está ubicado en la parte septentrional del Perú, si están en Lima, pueden optar por llegar en avión comercial, por tierra en buses interprovinciales o en su movilidad particular y se viaja por la carretera Panamericana. Durante su recorrido terrestre podrá ir conociendo otras ciudades grandes y pequeñas del país que están a la vera de esta pista totalmente asfaltada como: Huaral, Huacho, Barranca, Paramonga, Casma, Chimbote, Trujillo, Pacasmayo, San Pedro de Lloc, Eten, Pimentel, Chiclayo, Lambayeque y finalmente Piura, un recorrido de aproximadamente 980 kilómetros desde la capital, la carretera Panamericana hoy está en muy buen estado y el terreno es desértico, muchos tramos de su recorrido van cerca al mar. Son importantes los ríos que bajan de la cordillera occidental de los Andes y bañan los terrenos de cultivo a lo largo y ancho de los valles. En enero de 1993 las condiciones de esta pista eran calamitosas, totalmente abandonadas, algunos tramos estaban en pleno mantenimiento, así lo había dejado el gobierno aprista que gobernó del 85-90.
Ingresando por el puente Bolognesi que cruza el río Piura con un buen caudal de agua y desplazándose por la avenida del mismo nombre, con un calor espantoso, al mediodía cuando los termómetros marcaban los 35°C, llegaron a la calurosa ciudad de Piura, la tierra de los algarrobos, los hermanos Mijaíl, Rodrigo  Svetlana y sus padres. Los primero días de estadía en esta ciudad eran para no aguantar, la temperatura era muy elevada, la familia acostumbrada a un clima diferente menos agresivo sintió los efectos, ellos habían llegado de la lejana capital del país, a 980 kilómetros al sur de la ardiente y señorial Piura, fue duro los primeros meses adaptarse a las condiciones climáticas de esta ciudad, la familia tuvo que hacer acopio de mucha fuerza de voluntad y además las continuas lluvias dejaban anegadas las calles y avenidas principales, la cercanía al río Piura permitía que los zancudos se reprodujeran en grandes cantidades y molestaban con sus picaduras, las lluvias torrenciales, sus algarrobos verdes que inundan sus avenidas y calles, los murciélagos nocturnos, los grandes panales de abejas, el inmenso desierto en que está asentada la ciudad aumenta la sensación de calor y la falta de agua complican no solo el aseo, sino también la escasez para las actividades propias de la casa.
Las clases escolares se iniciaron en abril como todos los años, aunque la temperatura se había moderado, sin embargo para los niños que debían asistir al colegio era demoledor, hasta que poco a poco se fueron acostumbrando. Una tarde del mes de octubre de 1993 Mijaíl hijo mayor regresó a casa del colegio Don Bosco donde estudiaba el tercer año de secundaria, venía en taxi porque en brazos traía una gran sorpresa, una cachorro de Doberman mestiza, que conservaba aún muchos rasgos físicos de sus congéneres puros, al fin, después de mucho explicar que el director del Colegio le había regalado, no tuvieron más remedio que aceptar el regalito y a partir de ese momento fue preocupación familiar la nueva integrante de la familia, las vacunas, el veterinario y la alimentación, el corte de orejas y toda la parafernalia que sigue cuando crías un cachorro de esta raza.
Mijaíl comentó que el director del colegio el hermano Pau Lam, le había hecho entrega de la cachorro porque en varias oportunidades lo había visto observando en los momentos de receso escolar (recreo), en la parte interior del colegio, en un espacio donde los religiosos que administraban este plantel criaban a sus perros, el hermano Pau Lam apreció el interés de Mijaíl por los animales y con la experiencia propia de haber caminado tantos colegios en todo el Perú, le ofreció una de las crías, Mijaíl le pidió un cachorro macho, el hermano le dijo que no podía porque ya estaban asignados, así que le preguntó si tenía interés en una hembra y el niño no esperó ni un segundo y aceptó el obsequio, pero el hermano le dio una condición para ello, que le pusiera de nombre “Thatcher” en honor a Margaret Hilda Thatcher, Baronesa Thatcher de Kesteven, política británica que ejerció como primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990. Apodada la dama de Hierro decidió la intervención de las Fuerzas Armadas Británicas, para recuperar las islas Malvinas a sangre y fuego, en una disputa de la propiedad y soberanía con Argentina.
“Thatcher” fue creciendo y desarrollando sus características físicas, pese a su aspecto que parecía de gran fiereza y a la fama que tienen esta raza de canes, que mantenían las orejas cortas en posición vertical y que fácilmente orientaba en los 360°, era dócil, aprendió a obedecer, cumplir órdenes simples como: échate, dame la patita, siéntate, no te muevas, despacio, vamos, detente, etc. Cuando llegó al año de edad acompañaba al padre de Mijaíl en carreras de 4 kilómetros todos los días muy de madrugada.
Muchas anécdotas  hizo vivir a la familia esta linda mascota como: aquella madrugada que acompañaba a Mijaíl en sus carrera diaria, al cruzar la avenida fue embestido en el pecho por un motocar que hirió de gravedad a la mascota, este hecho movilizó a la familia y a los vecinos que quedaron impactados por la herida honda que tenía en el pecho, le había comprometido el músculo pectoral del lado izquierdo, la herida tardó mucho tiempo en cicatrizar, porque cada día el auxiliar de enfermería que hacía las veces de veterinario le curaba la herida y a los pocos minutos aparecía la perra sin el apósito, tuvieron que utilizar antibióticos y antibacterianos para evitar la infección. Las secuelas del accidente fueron malas y la acompañaron siempre y durante el tiempo que compartió su existencia con esta familia.
La segunda anécdota tiene que ver con que le gustaba los huevos de gallina crudos y era una de sus debilidades, por esos tiempos en casa compraban los huevos en pequeñas jabas o cajones y “Thatcher” descubrió que su contenido era muy agradable para su paladar hambriento e insaciable porque estaba en pleno crecimiento,  se había acostumbrado a ingresar silenciosamente del patio a la cocina y robar los huevos, comió tantos huevos que después se empachó y tan solo de verlos o cuando se le ofrecía uno, lo olfateaba y luego haciendo un gesto de desagrado se refugiaba en el jardín, santo remedio para evitar sus incursiones.
En otra oportunidad, en innumerables momentos, especialmente por las noches, la familia se reunía para alguna actividad, revisar tareas del colegio, escuchar música, ver televisión y para disfrutar de un refresco y galletas creamcraker en el patio y a la vez jardín de la casa, “Thatcher” los observaba con mucha atención, se acercaba sigilosamente moviendo su cola y con los ojos vivos y la mirada puesta en las galletas que crujían en la boca de los hermanos, esperaba pacientemente con muchas ansias que le regalaran unas cuantas con la que saciaba su apetito, cómo le gustaba estas galletas y con qué pasión disfrutaba comerlas, se relamía pasando la lengua por su hocico ansioso y que se le hacía agua.  
En otra oportunidad el padre de Mijaíl llegó del trabajo llevando una morcilla recién preparada, así que la esposa dejó el embutido en un recipiente de vidrio, encima de la mesa del comedor de diario, cuando de pronto ingresó “Thatcher” cautelosamente, guiada por su fino olfato, en un santiamén y aprovechando un descuido, mientras la esposa volteaba para guardar el manjar en la refrigeradora, la perra ya había mordido la morcilla y salió velozmente al patio, todos corrieron detrás de ella, pero conforme se desplazaba miraban cómo la morcilla desaparecía de su hocico y al final devoró limpiamente el relleno como le dicen en Piura, sin siquiera saborearla, luego se escondió en un rincón del jardín a disfrutar la digestión, mientras la familia miraba absorta y sorprendida por tremendo logro de “Thatcher”. Ese día se quedaron sin poder probar una buena rellena.
El padre de Mijaíl se levantaba muy de madrugada y  “Thatcher” al sentir los pasos de su amo bajando la escalera, hacía unos sonidos muy suaves como pidiendo acompañarlo, sabía que salía a correr y esa era algo que en su condición de mascota no se podía perder,  lo hacía porque tenía siempre presente ese antiguo aforismo “Mente sana en cuerpo sano”, que aprendió en sus años juveniles y había decidido mantenerse apto físicamente,  era una sana costumbre, que lo mantenía de buen talante y evitaba el estrés, un estilo de vida saludable.  
Corría alrededor del Cuartel Grau que tenía un perímetro de aproximadamente de 2.5 kilómetros de distancia, por lo que dos vueltas diarias era un buen recorrido para comenzar el día y en esta actividad lo acompañaba su mascota “Thatcher”, que iniciada la carrera se desplazaba toda velocidad y muy adelante, de rato en rato volteaba para ver si la seguía su amo, para hacerla regresar y no se aleje demasiado, cuando su amo volvía sus pasos en sentido contrario, la “Thatcher” se percataba y regresaba a toda velocidad, y lo sobrepasaba nuevamente, al tenerla a su lado volteaba nuevamente retomando la dirección original y así conseguía controlar el ímpetu de su mascota, hasta terminar la carrera.
“Thatcher” fue una mascota fiel, noble y generosa, les regaló 3 camadas a sus amos, la cruzaron la última vez con un Rottweiler, salieron unos cachorros bien bravos, especialmente el macho que era el más bravo de todos, la familia tuvo que obsequiar tres cachorros dos hembras y el macho de aproximadamente 5 meses de edad a un amigo, quien los trasladó a Pachacamac donde tenía una pequeña granja donde criaba reses y sembraba artículos de panllevar,  según comentó alguna vez, le fue muy bien con las hembras que cuidaban la granja, al macho debió sacrificarlo porque era destructor y muy violento.

La querida mascota de la familia “Thatcher” fue entregada a un amigo quien tenía una pequeña granja, donde criaba ganado caprino y tenía en mente aumentar la prole para utilizarlos en el cuidado de la granja, así que a tanta insistencia de este amigo la entregaron con las recomendaciones del caso, varias veces fueron a visitar la granja de este amigo ubicada a la salida de Piura a Tumbes, al principio “Thatcher” percibía la presencia familiar y de inmediato se acercaba, buscaba a Mijaíl ladraba y movía la cola por un rato, luego se alejaba y permanecía echada en el piso mirándolos. Pasado dos meses, cuando fueron nuevamente a visitarla, los niños la llamaron y la “Thatcher” movía la cola, pero no se acercaba, había roto el cordón umbilical que le unía a la familia de Mijaíl, Rodrigo y Svetlana y se había identificado con la familia del amigo, pasaron todos por un momento de tristeza, pero luego se alegraron, porque “Thatcher” había encontrado una buena familia que la querría tanto y la protegía como ellos. Regresaron todos a casa tranquilos y satisfechos, y a partir del día siguiente retomaron sus actividades y no regresaron nuevamente a la granja, una fotografía de “Thatcher” adorna el rincón de los recuerdos familiares y su vivencia al lado de la familia quedará para siempre como remembranza imperecedera.   

martes, 4 de febrero de 2014

“Rocky”.



Aquél invierno de 1986 en el puerto de Ilo, gélido y lluvioso, con algunos días de garúa y otros cargados de neblina en las mañanas, quedó para siempre en el recuerdo de los niños, era la temporada de máximo frío que se recuerde por estas latitudes, los pobladores del puerto más austral del país, no recordaban otro período más frío que el de ese año y era causado por a una masa de agua fría que se desplazaba desde la Antártida. El viento de Sur a Norte llevaba las residuos químicos y cenizas que la chimenea de la fundición de la empresa Souther Corporation evacuaba hacia la atmósfera, y con ello contaminaba el aire, esos gases eran los responsables de las enfermedades broncopulmonares de una gran parte de la población de Ilo, principalmente los niños y también de la muerte de las grandes plantaciones de olivo que hubo en este puerto en el pasado y cuando el viento dejaba de soplar, entonces los gases tóxicos se esparcían por la ciudad y alcanzaban más al sur a las viviendas de los trabajadores de un cuartel cercano, afectando la salud de los personas a quienes les causaban picazón y escozor en la piel y especialmente la garganta, muchas enfermedades causaban estas emanaciones dañinas que en forma de lluvia ácida afectaba a la población y las flora de Ilo y de los pueblos ubicados al Norte.

Las fábricas de harina de pescado también hacían lo suyo contaminando el medio ambiente, sus malos olores se esparcían con la dirección del viento y cuando el viento estaba en calma, esos olores se acumulaban en la ciudad y alrededores; pero eran otras épocas, otros tiempos, otros lugares olvidados y nadie le daba importancia a la protección del medio ambiente, la contaminación ambiental y el calentamiento global, esos serían conceptos que se pondrían de moda a fines de la década del 2000 e ingresando al Siglo  XXI. Cuando llegaba el verano, todo cambiaba, llegaban turistas de todos lados, la ciudad ardía de felicidad, era un bullicio y la alegría contagiosa, como todo puerto, había bares, discotecas y otros lugares de diversión nocturna, había dinero y por tanto la diversión estaba a la vuelta de la esquina y estaba asegurada, especialmente para foráneos y los vaporinos que llegaban al puerto en las grandes naves comerciales que acoderaban en su gran muelle y permanecían varios días en su bahía.

Los amaneceres en Ilo, eran nublados y a media mañana se despejaba la neblina que llegaba del océano,  pero la nubosidad permanecía durante buena parte del día, por las tardes tibiamente se mostraba el sol, calentaba brevemente el ambiente y se ocultaba en el mar, dejando una estela rojiza tras de sí. Un conjunto habitacional denominado “José Joaquín Inclán” en la que habitaban 20 familias conformaban la pequeña comunidad de vecinos, amigos y compañeros de trabajo, la casa estaba ubicada a escasos 20 metros de la orilla del mar y en las noches se sentía el crepitar de las olas que se estrellaban contra los peñascos lejanos y muy cerca a la casa sus espumosas ondas besaban la playa dormida y ausente. 

Fue un día de julio cuando “Dick” llegó a casa provocando gran alegría a todos, desde el primer momento los niños lo mimaron y le facilitaron un lugar para dormir cómodamente abrigado, era un cachorro de apenas dos semanas, muy llorón, extrañaba a su madre y parte de sus primeras noches de adaptación a otro medio distinto al suyo, cambió la forma de vida de todos, especialmente de los niños que tuvieron un motivo más para alegrar y llenar sus vidas de aventuras, desde su primera noche su llanto lastimero causaba desazón y pena en ellos, más que en los adultos, principalmente en Mijaíl el mayor de los hijos, quien a sus escasos ocho años, sentía mucha lástima al escucharlo llorar y ver que sus padres y hermanos descansaban, casi siempre se levantaba en silencio, para no despertar a sus padres y se dirigía a la cama del cachorro para consolarlo, lo tenía en su regazo por unos momentos, mientras sus hermanos Rodrigo y Svetlana, descansaban plácidamente. Él sentía mucha lastima por el animalito que al olfatearlo por un momento se  callaba y movía la cola en señal de reconocimiento; el silencio duraba muy poco, el pequeño animal reanudaba su llanto lastimero y no paraba hasta la madrugada en que por cansancio se quedaba dormido.

Para mitigar el frio diario los niños vistieron a “Dick” con un polo pequeño raído por el tiempo y la Ña Pancha. Observando detenidamente al cachorro nos percatamos que, por sus características físicas no se podía determinar su raza de origen, nunca pudimos adivinar cuánta mezcla había en su sangre, era de tamaño mediano, de pelo corto y color crema, hocico negro, cola corta, de caninos inferiores que sobresalían por encima de sus labios superiores y que le daban una apariencia fiera, su temperamento heredado de sus padres desconocidos, influía en su comportamiento frente a los diferentes estímulos externos y conforme crecía se hizo gruñón, se molestaba fácilmente.

Cuando “Dick” tenía cinco semanas de nacido y se paseaba muy campante por toda la casa, llegó “Rocky” apenas de dos semanas, su dueño un odontólogo amigo nuestro nos lo obsequió, este era pequeño, pelo mediano de color caramelo, hocico negro y patas negras, pecho crema, cola larga, desde que llegó se  robó el cariño de toda la familia, era un cachorro muy dócil, al días siguiente  de su llegada “Rocky” fue vestido con el mismo polo que utilizó Dick cuando llegó a casa; para qué se hizo eso, de inmediato “Dick” al reconocer su polo que ya no utilizaba, con su hocico prendido en la prenda, arrastró por toda la casa a “Rocky”  que lanzaba ladridos lastimeros de susto y no descansó hasta quitarle la raída prenda, que quedó rota e inservible para futuros usos, se tuvo que improvisar con otra prenda para abrigar a “Rocky”, a partir de ese momento hubo una competencia bárbara, una rivalidad entre ellos, para los juegos y los alimentos, “Dick” mayor escasamente por tres semanas en algunos momentos sobrepasaba su agresividad haciendo valer sus derechos y antigüedad en la casa, luchaba por obtener la mayor atención de todos, cuando los niños jugaban mayor tiempo con “Rocky”, “Dick” le mostraba sus grandes caninos gruñendo, “Rocky” se retiraba de inmediato por instinto de conservación. 

Conforme fue creciendo “Rocky”, “Dick” fue declinando en su agresividad y ambos superaron sus diferencias de temperamento, “Dick” en algunas ocasiones se ausentaba de la casa, aprovechaba que de lunes a viernes los padres trabajaban y los niños estudiaban en un colegio de la localidad ubicada a 15 kilómetros, por lo que ambas mascotas quedaban en el exterior de la casa, en calidad de centinelas, mientras “Rocky”  permanecía en la puerta de la casa, “Dick” exploraba los alrededores y en algunas oportunidades demoraba en regresar, hasta que una tarde, los vecinos nos avisaron que habían visto a “Dick” muy cerca de la carretera a la ciudad, caminado al parecer desorientado, nos preguntamos cómo pudo llegar hasta ese lugar distante a más de tres kilómetros de la casa, así que de inmediato subimos todos al Volkswagen rojo y fuimos en su búsqueda, estuvimos casi 10 minutos buscándolo, en el lugar referido, a ambos lados de la carretera que era terreno arenoso, lamentablemente lo encontramos tirado al lado de la carrozable afirmada, había sido atropellado por un vehículo militar muy pesado y sus ocupantes ni se percataron del can, que quedó tirado en medio de la carretera, probablemente algún pescador que se desplazaba a pie, lo había colocado fuera de la carretera en un lugar seguro, sentimos una tremenda congoja y los niños se impresionaron al verlo inerte, trasladamos a “Dick” a la casa y lo enterramos bajo un árbol de olivo que nos daba sombra en verano.    

Los meses se sucedieron, “Rocky” alcanzó un tamaño pequeño, no creció más y se convirtió en una mascota fiel y de buen carácter, le gustaba realizar saltos acrobáticos, se desplazaba con el pecho pegado al suelo como si estuviera rampando, y este movimiento acompasado lo hacía además dando unos cortos ladridos y moviendo su cola de alegría, era un perro digno de cualquier circo, lo llevaba en la sangre. Aproximadamente a un kilómetro de distancia había otras viviendas ocupadas por trabajadores del cuartel aledaño, y en esas casas los dueños criaban sus mascotas, algunas de ellas eran hembras, pudimos observar que en algunas ocasiones “Rocky” desaparecía de casa, lo buscábamos por todas las viviendas cercanas, por la playa y nada, la primera vez, desapareció por varios días, los niños  gritaban su nombre a los cuatro vientos, solo el sonido del mar respondía al llegar sus aguas a la playa, no venía a comer, pensamos que así como “Dick” se había perdido, “Rocky” también había seguido sus pasos de explorador frustrado y especulamos no volverlo a ver más y los niños nuevamente entristecieron, hasta que una mañana en que salíamos para dejar a los niños en el colegio, divisamos a “Rocky” casi a 20 metros de distancia que se dirigía hacia la casa, los niños corrieron a su encuentro con mucha alegría, “Rocky” regresaba cual hijo pródigo, con huellas en el cuerpo después de haber tenido varios combates, tenía mordiscos en diferentes partes del cuerpo, estaba sucio, maloliente y con el rabo entre las piernas, totalmente agotado, indagamos las razones y pudimos establecer que había estado de luna de miel con una perrita color canela. Fruto de estos amores playeros, nacieron varios cachorros en tres distintas madres, la mezcla era distinta, había cachorros para todos los gustos.

Por razones de trabajo nos mudamos de Ilo a Moquegua y allá viajó Rocky en primera, llevábamos a uno de sus hijos de escasas tres semanas de nacido, una nueva casa, un ambiente desconocido que poco a poco se le hizo familiar, en esos dos años que vivimos en esta ciudad apacible, de clima agradable, de campos de cultivo con cerco perimétrico de eucaliptos inmensos y árboles frutales, manzana, uva, melocotones y los famosos damascos, además por supuesto del conocido y famoso pisco Biondi, no hubo muchas aventuras perrunas, “Rocky” prácticamente se dedicó a su tarea diaria de seguridad durante el día, apoyado por uno de sus hijos que vino acompañándolo de Ilo “Jango” así se llamaba el lanudo hijo de “Rocky”. “Jango” se había acostumbrado a dormir placida y descuidadamente durante el día en la pista, tenía muy buenas razones para ello, muchas veces los buses interprovinciales que  venían de Ilo y Tacna por poco lo atropellaban, durante la noche era un vigilante más, acompañaba a los centinelas del ejército que hacían servicio de seguridad en la Villa Militar y por eso en el día “Jango” dormía a pierna suelta, hasta que una mañana de primavera, un camión lo atropelló y lo dejó muerto en plena pista, fue muy dolorosa para todos la pérdida del hijo de “Rocky”.

Por esos tiempos criábamos en la casa conejos y cuyes, que poco a poco fueron disminuyendo por acción del instinto animal de “Rocky” que los atacaba y desnucaba con un solo movimiento de sus fuerte mandíbula, nos quedamos con pocos conejos y ningún cuy. Fueron dos años apacibles en que los niños crecieron en una ciudad muy tranquila y pequeña, que disponía de todas las facilidades: una buena carretera tanto para el Sur a Tacna y Suroeste a al puerto de Ilo y Norte hacia Arequipa, agencias de transporte, vivienda, salud, ganadería con inmensas vacas lecheras, un buen mercado de abastos donde la población adquiría sus alimentos, su valle era y es muy productivo.

Posteriormente, por razones de trabajo viajamos a Lima, hacia la capital también enrumbó “Rocky”, muchas anécdotas del viaje en el viejo Volkswagen rojo quedan en el tintero, apunto dos en esta ocasión: al pasar por la playa Tanaka rumbo hacia Nazca, el pequeño bólido subió un montículo de arena que invadió la carretera, hizo que “Rocky” que descansaba en el piso del vehículo, al sentir el sinuoso raspón de la arena debajo del piso del auto, dio un salto de sorpresa, apareciendo asustado en las piernas de Mijaíl, esta y otras vivencias como aquella cuando después de largas horas de manejo, por razones de descanso, hicimos una parada a un costado de la carretera antes de llegar a Palpa, “Rocky” salió corriendo del carro y al observar los parajes desconocidos regresó velozmente al vehículo y no quiso salir a pesar de nuestro llamado, dentro del carro se sentía más seguro, estos hechos unieron más a los niños con nuestra mascota, así llegamos a la capital.

“Rocky” se acercaba a los 6 años de edad, fue realmente un descuido no haberlo vacunado contra el distemper, en 1992 este descuido nuestro fue fatal y se llevó a “Rocky” a la tumba, perdió la visión, tropezaba con las sillas, estaba desorientado, decidimos en casa no verlo sufrir más y un amigo veterinario, lo asistió al percatarse que su recuperación no era positiva, así partió nuestro querida mascota, una tarde de otoño en que las hojas secas de los árboles se renuevan con el verdor de las nuevas y la tibieza del sol limeño acaricia suavemente la piel de todos los seres vivientes, “Rocky” partió a la eternidad, dejando tras de sí, huellas imperecederas en la vida de nuestros hijos, quienes aprendieron a respetar y amar a los animales, y muchas vivencias que compartimos en familia, que quedan en nuestros recuerdos y comentarios familiares.

jueves, 23 de enero de 2014

Nostalgia (Cuento)







Dos décadas atrás, en un rapto de frenesí Mijaíl besó los labios virginales de una hermosa mujer, lejos de miradas inquisidoras, la agarró delicadamente y la atrajo suavemente, ambos labios quedaron sellados.  El aroma de ella quedó impregnado en él, se prolongó al contacto de los labios entreabiertos, que se entregaban silenciosamente.

No supo nunca si ella sintió lo mismo, si el roce con sus labios arrebató su alma, nunca hablaron de ello, solo sucedió y dejaron que el tiempo lo diluyera. Él percibió, que ella se conmovió y que, un ligero estremecimiento se apoderó de su ser, la sorpresa se reflejó en su mirada y un nuevo sentir ganó su corazón.

Pasado el tiempo, los años van ganando y Mijaíl rememora este pasaje de su vida con mucha nostalgia, aquellos instantes de alegría y felicidad que vivieron, es cierto, fue un momento especial para ambos, un nuevo redescubrir apasionado, que iluminó y los capturó por siempre, huérfanos quizás de la pasión olvidada.   

Al principio Mijaíl pensó que iba a ser rechazado, que la reacción de ella, inevitable al fin, sería legítima, quizás un reproche, una feroz cachetada; pero no, ella aceptó y correspondió el beso con apasionamiento, tan sorpresivo como sucedió, quedaron atrapados por breves segundos. Nunca la habían besado con tanta pasión.


Su silencio profundo la delató, quedó sosegada un instante, una leve sonrisa iluminó su rostro y prosiguió sus pasos. Al finalizar la reunión, esperó un momento especial, los visitantes se despidieron. Mijaíl quedó callado y ausente en el interior y ella volvió sus pasos con su bella sonrisa, un abrazó y un nuevo ósculo marcó el adiós.   

lunes, 13 de enero de 2014

La intrigante Hermelinda.



Hermelinda tenía lágrimas en los ojos, vestía de negro absoluto de pies a cabeza, la ocasión era insoslayable porque había fallecido su madre, una antigua cesante de educación a los 90 años, aparentemente llevaba un gran dolor que no sabía cómo apaciguarla, al observar su actitud se lograba percibir en ella algo que no se podía definir, quizás una especie de arrepentimiento tardío, era que su conciencia gris la traicionaba de repente, o los pensamientos entrecruzados por su gestión nada generosa con sus hermanos, o esa ambición desmedida que domina a seres humanos sin escrúpulos, vaya uno a saber lo que pasaba por su agitada y febril mente.
Estaba en las exequias de su madre recibiendo el pésame de familiares, amigos y especialmente de sus amigas, quienes nunca llegaron a conocerla en la dimensión de su real existencia, ella se mostraba compungida y presa de un dolor que no parecía sentir. El féretro de caoba al centro del velatorio rodeado de cuatro sirios que brillaban estaba en silenciosa espera, en su interior el cadáver descansaba después de sus agitados años de vida, los visitantes llegaban y oraban un momento, miraban el interior y se retiraban a conversar en grupillos, el café y las galletas iban y venían de un lado para otro, eran muchas personas que conocían a Hermelinda, más por el esposo Marlon que era un funcionario de alto nivel del Estado jubilado quien había ocupado importantes cargos en uno de los  gobiernos más desacreditados del país.
Su madre había fallecido de vejes, había perdido sus facultades mentales, el alzhéimer hizo presa de ella y parafraseando a la susodicha “era una carga que pesaba mucho”, aunque su peso corporal era mínimo. Pese a que la anciana jamás molestaba, ella pasaba sus días durmiendo, lo que facilitaba la atención de la técnica enfermera para atenderla,  asearla y alimentarla, además recibía su pensión y con ello aliviaba sus gastos. Siempre llamó la atención de los otros hermanos cuando estos llegaban de visita, que en algunas ocasiones no podían tomar contacto con su progenitora, estaba como secuestrada y en otras ocasiones la observaban dormitando y como ella no los reconocía se sentían muy entristecidos y dolidos, responsabilizaban a la hermana el no permitirles visitas, tenían la impresión que la anciana madre esta inducida al descanso por un potente sedante, eran percepciones y comentarios de sus hermanos al retirarse luego de la visita, presunción incontrastable que ellos nunca pudieron aclarar. Al día siguiente cremaron a la anciana madre, sus cenizas fueron llevadas a su tierra natal y echadas en un rio de la selva como fue su deseo siempre.
Hermelinda nació hace exactamente 72 almanaques en un pueblo de la selva peruana, allá donde jamás llegó autoridad alguna ni siquiera como visita de médico, ocho calles mal trazadas por los primeros habitantes que de ingeniería no sabían ni pío y peor diseñadas,  con piso afirmado, que durante la temporada de lluvias se enfangaba. Sus calles ocupadas por muchos migrantes que llegaron por los años 20 del siglo pasado desde la sierra central, en busca de nuevos horizontes y vaya que encontraron una situación buena al principio, con tierras asignadas al Proyecto “Alto Perene” por el Ministerio de Agricultura, posteriormente la situación se deterioró por el abandono de los gobiernos y la situación se tornó precaria que los tuvo al filo de la pobreza durante mucho tiempo y obligando a los primeros colonos a buscar nuevos horizontes.  
Por supuesto, no faltaba la pequeña iglesia del pueblo, un puesto policial con dos guardias quienes se turnaban en la atención a los pobladores, robo de ganado, escapistas y casi siempre riñas en el bar principal, por disputarse la compañía de las mujeres que pululaban como mariposas en estos lugares de perdición, quienes atendían a los parroquianos y ejercían el oficio más antiguo del planeta de manera muy reservada, aunque esto es una exageración porque en “pueblo chico infierno grande”, todos sabían estos detalles y guardaban un generoso silencio cómplice; una escuelita de primaria con dos aulas y un escudo nacional revirado en el frontis, en el que su madre era maestra; una población que escasamente llegaba a los dos mil habitantes, la gran mayoría dedicada a la ganadería y agricultura, las oficinas del gobierno ocupados por burócratas que solo atendían a los vecinos una vez por semana y cada fin de mes viajaban a la sede de la provincia, Jauja, para cobrar sus sueldos y traer el dinero presupuestado para el funcionamiento de la oficina, se trasladaban a lomo de bestia hasta Concepción y de allí en camión o tren hasta Jauja y Huancayo, con el tiempo una carretera uniría a estos pueblos. En el pueblito, no faltaban los bares de mala muerte donde morían los valientes los fines de semana con algún espectáculo para mayores de 21 años.
La madre de Hermelinda era además de profesora de primaria, la persona que tenía aptitudes de clarividente, leía cartas a los vecinos y tenía fama de hacer hechizos, una especie de “bruja” provinciana que se ganaba la vida de esta manera, si acertaba o no, no podemos afirmarlo ni negarlo; pero, tenía muchos clientes entre las mujeres del poblado. En este ambiente creció Hermelinda y sus siete hermanos; ella, observando y mirando cómo se desarrollaban estas actividades y el comportamiento de las personas adultas. Una tarde que visitaba a una amiga del colegio, cuya situación económica era mucho mejor que la de ella, por causalidad encontró un ejemplar de la revista de modas “Vanidades”, en la que vio imágenes de mujeres bellas, muy bien vestidas, maquilladas y en ciudades que ella desconocía su existencia, se imaginó en aquellos vestidos, zapatos con aquellas cabelleras bien peinadas, maquilladas y con una sonrisa provocativa en los labios y pensó-quiero ser como estas mujeres bellas- algún día me veré en estas revistas, para ello debía mudarse a la ciudad más cercana. Por informaciones de sus progenitores sabía que las ciudades más cercanas eran Concepción, Huancayo y Jauja.
Una noche de tormenta en que los rayos y truenos retumbaban en la profundidad de la selva, la iluminación traía a su imaginación figuras fantasmagóricas que creía observar en cada haz de los rayos que cortaban el cielo negruzco, mientras la lluvia azotaba con fuerza los arboles del bosque inmenso y los animales lanzaban sus gritos desgarradores que provocaban temor en los niños, ella permaneció en silencio, rumiando sus apetencias y necesidades apremiantes e insatisfechas por pobreza económica, ni se inmutó, jamás tuvo miedo, era manipuladora, fría, calculadora y le encantaba intrigar entre sus amigas y hermanas para sacar alguna ventaja. Miraba ensimismada cómo se apagaba la luz del candil, no había luz eléctrica, un viejo motor daba luz a algunas calles contadas con los dedos, el resto de la población pobre pasaba sus noches oscuras con sus lámparas a kerosene o sus velas blancas.
Su padre era un comunista estalinista que se había quedado anclado en la revolución de octubre. En su juventud su espíritu aventurero lo llevó por embarcarse en los vapores de bandera extranjera que llegaban al puerto del Callao y eso le permitió conocer otros mundos, llegar a Europa y visitar la ex URRS, quería conocer el inmenso país de los zares, quedó impresionado del pueblo ruso y especialmente de sus bellas mujeres, quienes eran el sostén de los hogares porque la mayoría de los hombres habían muerto en la guerra. Ya en su país, se mudó a la selva central en busca de trabajo y conoció a la madre de Hermelinda y se casaron muy enamorados. Murió en un accidente de carretera cuando ella tenía 12 años, había terminado la primaria y vivían en Huancayo, mucho sufrió por esta pérdida y su frustración creció en su interior y sus planes se hicieron añicos a su corta edad.
Hermelinda desde pequeña siempre fue muy rencorosa, mala y se creía muy ocurrente, en el colegio a las profesoras les colocaba tarántulas en sus sillas, para asustarlas y que se retiraran del aula, otras veces colocaba sapos en los bolsillos del uniforme de sus compañeras; así de malísima era esta niña, que coleccionaba sapos, grillos y pequeñas culebras y a todos los atravesaba con sus flechas hechas de bambú cuando jugaba a ser una guerrera selvática. Fue creciendo entre riñas de vecinos y parejas, y escándalos de los bares de mala muerte, entre las necesidades propias de la casa que no le permitían poseer dulces, juguetes y ropa para vestirse, así entre el hambre y la necesidad fue desarrollando un espíritu resentido, vengativo y hostil que le granjeó muchas llamadas de atención en el colegio, de sus padres y vecinos, quienes la veían como un diablillo.
Pronto se vio adolescente con deseos de salir de su localidad, sus padres se mudaron a la ciudad, la madre hizo traslado a otro colegio y el padre se dedicó al comercio, el temprano fallecimiento de su padre la obligó a trabajar, hizo de todo. Su llegada a Huancayo le permitió estudiar la secundaria, trabajar terminar una carrera técnica secretariado, mecanografía y taquigrafía, en esos tiempos eran muy importantes, eso le permitió postular a un puesto en un banco, desempeñándose como secretaria y luego vendría sus locos amores con un fulano que era casado y le dejó como recuerdo un hijo; así fue desarrollando un mayor grado de rencor contra sus padres, por no haberle podido dar una profesión, rencor a la vida por haberle dado un hogar pobre y contra los hombres por la burla del que había sido objeto, juró nunca más ser utilizada por los hombres y endureció su corazón, lo revistió de una coraza y eso le permitió seguir adelante. Después de varios años, cuando ya el tren parecía pasar por su vida sin parar en su estación y cuando su niño tenía tres años conoció al que actualmente es su esposo, Marlon se llama, se casaron y para completar el panorama conyugal tuvo parto múltiple, trillizos, la mala suerte hizo que uno de ellos falleciera en la incubadora por falta de peso y se quedó con una parejita, sus hijos crecieron entre estrecheces económicas porque como todo matrimonio joven comenzaba de cero, ella egoísta al fin siempre priorizó a su primer hijo para todo, con ello demostraba que había amado a su primera pareja y demostraba un cariño muy especial por su hijo mayor, por encima y en detrimento de sus gemelos, eso se notaba en sus actitudes, el buen Marlon nunca se opuso a este comportamiento, siempre la apoyó y hasta reconoció a su hijo como suyo, porque el padre de este desapareció y nunca más se supo de él.
Ella heredó las “prácticas hechiceras” de su madre fallecida y gracias a ello desde el principio de su vida conyugal, supo afirmar su poder frente a su marido, férreamente dominó en su hogar a tal punto que lo tenía subyugado y este hacia lo que ella ordenaba, las malas amistades dicen que había utilizado los servicios de una bruja malera para hacerle brujería a su marido, un muñeco que enterró no se sabe dónde y con ello consolidó su poder sobre él en casa, con un marido dócil y sumiso jamás sería nuevamente engañada ni burlada, lo tenía “comiendo de su mano”, como se dice vulgarmente. A tal punto que, intrigante y experta en estas lides logró que su marido discutiera con sus hermanos, se desentendiera de su anciano padre y existiera un clima tenso entre ellos. Todo fue por la frecuencia de visitas a su padre, con todo derecho de hijo, él quería seguir visitando a su anciano padre, Hermelinda ponía mil pretextos, inclusive sin ser parte de la familia quería imponer su voluntad a los familiares de su esposo, sugiriendo determinadas acciones que afectaban la estabilidad del anciano patriarca, lo cual le granjeó, la animadversión de los hermanos de su marido. 

Han pasado varios años como una película futurista y ella cumplió su cometido de alejarse de los familiares directos de su esposo y también de sus propios hermanos quienes le reclamaban parte de la herencia, construyó su mundo personal y privado. Hace 6 meses se agravó el Alzheimer que padecía y se le presentó algunas lagunas mentales, pérdida de memoria inmediata, lo que obligó a su martirizado esposo a internarla en una casa de reposo. Hermelinda yace actualmente en una cama de la casa de reposo “Virgen de Fátima”, sus hijos los gemelos viven en el extranjero, llegan una vez al año de visita y estarán en Lima en agosto de este año, y su hijo preferido a quien quería con devoción y por quien tanto se sacrificó ni siquiera la visita, está dedicado a su hogar, su mujer y dos hijas adolescentes, aunque es comprensible en su actual situación, Hermelinda no recuerda a ningún familiar, a su lado permanece casi todos los días un anciano encorvado, muy delgado, de caminar lento, quien la visita religiosamente, Marlon se percata que ella lo observa con una mirada perdida, lo que más le duele es que no lo reconozca y cuando ella le pregunta ¿quién eres?