SENSACIONES

SENSACIONES
Nuestras sensaciones más íntimas...

martes, 18 de febrero de 2014

“Thatcher”.




El Departamento de Piura está ubicado en la parte septentrional del Perú, si están en Lima, pueden optar por llegar en avión comercial, por tierra en buses interprovinciales o en su movilidad particular y se viaja por la carretera Panamericana. Durante su recorrido terrestre podrá ir conociendo otras ciudades grandes y pequeñas del país que están a la vera de esta pista totalmente asfaltada como: Huaral, Huacho, Barranca, Paramonga, Casma, Chimbote, Trujillo, Pacasmayo, San Pedro de Lloc, Eten, Pimentel, Chiclayo, Lambayeque y finalmente Piura, un recorrido de aproximadamente 980 kilómetros desde la capital, la carretera Panamericana hoy está en muy buen estado y el terreno es desértico, muchos tramos de su recorrido van cerca al mar. Son importantes los ríos que bajan de la cordillera occidental de los Andes y bañan los terrenos de cultivo a lo largo y ancho de los valles. En enero de 1993 las condiciones de esta pista eran calamitosas, totalmente abandonadas, algunos tramos estaban en pleno mantenimiento, así lo había dejado el gobierno aprista que gobernó del 85-90.
Ingresando por el puente Bolognesi que cruza el río Piura con un buen caudal de agua y desplazándose por la avenida del mismo nombre, con un calor espantoso, al mediodía cuando los termómetros marcaban los 35°C, llegaron a la calurosa ciudad de Piura, la tierra de los algarrobos, los hermanos Mijaíl, Rodrigo  Svetlana y sus padres. Los primero días de estadía en esta ciudad eran para no aguantar, la temperatura era muy elevada, la familia acostumbrada a un clima diferente menos agresivo sintió los efectos, ellos habían llegado de la lejana capital del país, a 980 kilómetros al sur de la ardiente y señorial Piura, fue duro los primeros meses adaptarse a las condiciones climáticas de esta ciudad, la familia tuvo que hacer acopio de mucha fuerza de voluntad y además las continuas lluvias dejaban anegadas las calles y avenidas principales, la cercanía al río Piura permitía que los zancudos se reprodujeran en grandes cantidades y molestaban con sus picaduras, las lluvias torrenciales, sus algarrobos verdes que inundan sus avenidas y calles, los murciélagos nocturnos, los grandes panales de abejas, el inmenso desierto en que está asentada la ciudad aumenta la sensación de calor y la falta de agua complican no solo el aseo, sino también la escasez para las actividades propias de la casa.
Las clases escolares se iniciaron en abril como todos los años, aunque la temperatura se había moderado, sin embargo para los niños que debían asistir al colegio era demoledor, hasta que poco a poco se fueron acostumbrando. Una tarde del mes de octubre de 1993 Mijaíl hijo mayor regresó a casa del colegio Don Bosco donde estudiaba el tercer año de secundaria, venía en taxi porque en brazos traía una gran sorpresa, una cachorro de Doberman mestiza, que conservaba aún muchos rasgos físicos de sus congéneres puros, al fin, después de mucho explicar que el director del Colegio le había regalado, no tuvieron más remedio que aceptar el regalito y a partir de ese momento fue preocupación familiar la nueva integrante de la familia, las vacunas, el veterinario y la alimentación, el corte de orejas y toda la parafernalia que sigue cuando crías un cachorro de esta raza.
Mijaíl comentó que el director del colegio el hermano Pau Lam, le había hecho entrega de la cachorro porque en varias oportunidades lo había visto observando en los momentos de receso escolar (recreo), en la parte interior del colegio, en un espacio donde los religiosos que administraban este plantel criaban a sus perros, el hermano Pau Lam apreció el interés de Mijaíl por los animales y con la experiencia propia de haber caminado tantos colegios en todo el Perú, le ofreció una de las crías, Mijaíl le pidió un cachorro macho, el hermano le dijo que no podía porque ya estaban asignados, así que le preguntó si tenía interés en una hembra y el niño no esperó ni un segundo y aceptó el obsequio, pero el hermano le dio una condición para ello, que le pusiera de nombre “Thatcher” en honor a Margaret Hilda Thatcher, Baronesa Thatcher de Kesteven, política británica que ejerció como primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990. Apodada la dama de Hierro decidió la intervención de las Fuerzas Armadas Británicas, para recuperar las islas Malvinas a sangre y fuego, en una disputa de la propiedad y soberanía con Argentina.
“Thatcher” fue creciendo y desarrollando sus características físicas, pese a su aspecto que parecía de gran fiereza y a la fama que tienen esta raza de canes, que mantenían las orejas cortas en posición vertical y que fácilmente orientaba en los 360°, era dócil, aprendió a obedecer, cumplir órdenes simples como: échate, dame la patita, siéntate, no te muevas, despacio, vamos, detente, etc. Cuando llegó al año de edad acompañaba al padre de Mijaíl en carreras de 4 kilómetros todos los días muy de madrugada.
Muchas anécdotas  hizo vivir a la familia esta linda mascota como: aquella madrugada que acompañaba a Mijaíl en sus carrera diaria, al cruzar la avenida fue embestido en el pecho por un motocar que hirió de gravedad a la mascota, este hecho movilizó a la familia y a los vecinos que quedaron impactados por la herida honda que tenía en el pecho, le había comprometido el músculo pectoral del lado izquierdo, la herida tardó mucho tiempo en cicatrizar, porque cada día el auxiliar de enfermería que hacía las veces de veterinario le curaba la herida y a los pocos minutos aparecía la perra sin el apósito, tuvieron que utilizar antibióticos y antibacterianos para evitar la infección. Las secuelas del accidente fueron malas y la acompañaron siempre y durante el tiempo que compartió su existencia con esta familia.
La segunda anécdota tiene que ver con que le gustaba los huevos de gallina crudos y era una de sus debilidades, por esos tiempos en casa compraban los huevos en pequeñas jabas o cajones y “Thatcher” descubrió que su contenido era muy agradable para su paladar hambriento e insaciable porque estaba en pleno crecimiento,  se había acostumbrado a ingresar silenciosamente del patio a la cocina y robar los huevos, comió tantos huevos que después se empachó y tan solo de verlos o cuando se le ofrecía uno, lo olfateaba y luego haciendo un gesto de desagrado se refugiaba en el jardín, santo remedio para evitar sus incursiones.
En otra oportunidad, en innumerables momentos, especialmente por las noches, la familia se reunía para alguna actividad, revisar tareas del colegio, escuchar música, ver televisión y para disfrutar de un refresco y galletas creamcraker en el patio y a la vez jardín de la casa, “Thatcher” los observaba con mucha atención, se acercaba sigilosamente moviendo su cola y con los ojos vivos y la mirada puesta en las galletas que crujían en la boca de los hermanos, esperaba pacientemente con muchas ansias que le regalaran unas cuantas con la que saciaba su apetito, cómo le gustaba estas galletas y con qué pasión disfrutaba comerlas, se relamía pasando la lengua por su hocico ansioso y que se le hacía agua.  
En otra oportunidad el padre de Mijaíl llegó del trabajo llevando una morcilla recién preparada, así que la esposa dejó el embutido en un recipiente de vidrio, encima de la mesa del comedor de diario, cuando de pronto ingresó “Thatcher” cautelosamente, guiada por su fino olfato, en un santiamén y aprovechando un descuido, mientras la esposa volteaba para guardar el manjar en la refrigeradora, la perra ya había mordido la morcilla y salió velozmente al patio, todos corrieron detrás de ella, pero conforme se desplazaba miraban cómo la morcilla desaparecía de su hocico y al final devoró limpiamente el relleno como le dicen en Piura, sin siquiera saborearla, luego se escondió en un rincón del jardín a disfrutar la digestión, mientras la familia miraba absorta y sorprendida por tremendo logro de “Thatcher”. Ese día se quedaron sin poder probar una buena rellena.
El padre de Mijaíl se levantaba muy de madrugada y  “Thatcher” al sentir los pasos de su amo bajando la escalera, hacía unos sonidos muy suaves como pidiendo acompañarlo, sabía que salía a correr y esa era algo que en su condición de mascota no se podía perder,  lo hacía porque tenía siempre presente ese antiguo aforismo “Mente sana en cuerpo sano”, que aprendió en sus años juveniles y había decidido mantenerse apto físicamente,  era una sana costumbre, que lo mantenía de buen talante y evitaba el estrés, un estilo de vida saludable.  
Corría alrededor del Cuartel Grau que tenía un perímetro de aproximadamente de 2.5 kilómetros de distancia, por lo que dos vueltas diarias era un buen recorrido para comenzar el día y en esta actividad lo acompañaba su mascota “Thatcher”, que iniciada la carrera se desplazaba toda velocidad y muy adelante, de rato en rato volteaba para ver si la seguía su amo, para hacerla regresar y no se aleje demasiado, cuando su amo volvía sus pasos en sentido contrario, la “Thatcher” se percataba y regresaba a toda velocidad, y lo sobrepasaba nuevamente, al tenerla a su lado volteaba nuevamente retomando la dirección original y así conseguía controlar el ímpetu de su mascota, hasta terminar la carrera.
“Thatcher” fue una mascota fiel, noble y generosa, les regaló 3 camadas a sus amos, la cruzaron la última vez con un Rottweiler, salieron unos cachorros bien bravos, especialmente el macho que era el más bravo de todos, la familia tuvo que obsequiar tres cachorros dos hembras y el macho de aproximadamente 5 meses de edad a un amigo, quien los trasladó a Pachacamac donde tenía una pequeña granja donde criaba reses y sembraba artículos de panllevar,  según comentó alguna vez, le fue muy bien con las hembras que cuidaban la granja, al macho debió sacrificarlo porque era destructor y muy violento.

La querida mascota de la familia “Thatcher” fue entregada a un amigo quien tenía una pequeña granja, donde criaba ganado caprino y tenía en mente aumentar la prole para utilizarlos en el cuidado de la granja, así que a tanta insistencia de este amigo la entregaron con las recomendaciones del caso, varias veces fueron a visitar la granja de este amigo ubicada a la salida de Piura a Tumbes, al principio “Thatcher” percibía la presencia familiar y de inmediato se acercaba, buscaba a Mijaíl ladraba y movía la cola por un rato, luego se alejaba y permanecía echada en el piso mirándolos. Pasado dos meses, cuando fueron nuevamente a visitarla, los niños la llamaron y la “Thatcher” movía la cola, pero no se acercaba, había roto el cordón umbilical que le unía a la familia de Mijaíl, Rodrigo y Svetlana y se había identificado con la familia del amigo, pasaron todos por un momento de tristeza, pero luego se alegraron, porque “Thatcher” había encontrado una buena familia que la querría tanto y la protegía como ellos. Regresaron todos a casa tranquilos y satisfechos, y a partir del día siguiente retomaron sus actividades y no regresaron nuevamente a la granja, una fotografía de “Thatcher” adorna el rincón de los recuerdos familiares y su vivencia al lado de la familia quedará para siempre como remembranza imperecedera.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario