SENSACIONES

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lunes, 15 de junio de 2009

El Machismo, en el Evangelio según Jesucristo, de José Saramago.Breve Ensayo

El machismo es según el diccionario -un conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de formas discriminatorias y lesivas hacia las mujeres y a los que exhiben comportamientos de género femenino no siendo mujeres-. Tradicionalmente desde la antigüedad y en algunas culturas asiáticas y latinoamericanas aún permanece. El machismo ha estado asociado a la jerarquización y subordinación de los roles familiares en favor de la mayor comodidad y bienestar de los hombres, en desmedro de las mujeres.
Eso sucedía en la época en que Jesús vino al mundo, los hombres eran los guías de las familias y un hombre, Moisés, guió al rebaño en busca de tierra prometida, por ello no era inusual este comportamiento en esa sociedad. José elevó los brazos al cielo y pronunció aquella oración terrible (…) Alabado seas tú, Señor, nuestro Dios, rey del universo, por no haberme hecho mujer (…), dijo María (…) Alabado seas tú, Señor, que me hiciste conforme a tu voluntad (…) (José Saramago, 21).
(…) María trabaja como todas las mujeres, cardando, hilando y tejiendo las ropas de casa (…) (…) bajando a la fuente para acarrear el agua, luego cuesta arriba, por los caminos empinados, con un gran cántaro en la cabeza (…) (…) Todo este arsenal reunido daría una carga más apropiada para ser transportada a casa a lomo de burro, pero la bestia está adscrita a José (…) (José Saramago, 23). Se considera que es machista asignar el trabajo más reconocido o menos fatigoso para los hombres, José era carpintero y no uno bueno, pues no le hizo una buena cama a María, dormían sobre petate.
También es parte del machismo el uso de algún tipo de violencia sistemática hacia las mujeres con el fin de mantener un control emocional o jerárquico sobre ellas. El machismo es considerado como una forma de coacción no necesariamente física, sino psicológica, innumerables veces han derivado en violencia que de alguna manera afecta a la mujer, al hogar, los hijos y extensivamente a la sociedad entera.
(…) María va a la sinagoga, entra por la puerta lateral que la ley impone a las mujeres(…) (José Saramago, 23), la mujer estaba para cumplir los caprichos del hombre, para servirle la comida y luego alimentarse con lo que quedaba, no podía hablar mientras no se le preguntara, no podía ingresar en el templo a lugares a los que solo el hombre podía entrar, debía seguir a su marido a donde fuere, aún sin ninguna explicación; sin embargo en medio de todas esta dominación, María al abordar respuestas a inquietudes de su marido José, llegaba a conocer las intenciones y deseos de su marido, sin que éste se percatara, conservar par sí el poder del silencio era importante para ella.
Asistimos a través de la lectura a la humanización de la familia de Jesús, José, María y el entorno social de la comunidad y alrededores donde vivían, la interrelación con los demás personas de su hábitat, son descritos desde una óptica humana con sus propias costumbres sociales y religiosas, sus vidas, temores, dudas, celos, sentimientos y creencias como si fueran personas normales y corrientes(…)Entró José, venía con expresión interrogativa, una mirada perpleja y desconfiada que intentaban disimular(…) (…) Estás segura de que el mendigo cogió la tierra del suelo, volvió a preguntar(…) (José Saramago, 26). (…) y María, de pie, esperando que él acabase para después comer ella (…) (José Saramago, 23).
Costumbres ancestrales, enraizadas en las sociedades desde que el homo sapiens poblara la tierra, no podía ser de otra manera dentro del contexto de la época en que se desarrolla la novela. Es cierto que el relato de la vida de Jesús y su paso por la tierra está al alcance de la comprensión, del razonamiento, de una manera más perceptible al entendimiento humano, de una manera más real y humana quitándole ese halo misterioso y divino que la iglesia se ha encargado de hacernos conocer. Porque finalmente lo que predica Jesús es amor, arrepentimiento por los pecados cometidos, no el de los primeros padres Adán y Eva, sino los que se cometían los hombres en nombre de Dios y la justicia.
Si bien es cierto, el hombre era responsable de su familia, las decisiones las tomaba él y todos obedecían, se explica en una sociedad en la que ellos vivían, donde las creencias religiosas, la lectura de la Tora o palabra de los profetas, la interpretación de las leyes de Dios, los consejos u orientaciones a aquellos necesitados, de fe, estaban a cargo de hombres, de ancianos llamados los doctores de la fe, por tanto ninguna mujer podía intervenir en esas actividades, les estaba vedado el ingreso en la sinagoga a ciertos lugares.
Pero los hombres no tomaban sus decisiones libremente, todo debía estar de acuerdo a las enseñanzas de la religión, a la práctica religiosa de esa época, por eso José ante sus dudas y tribulaciones, que eran realmente celos los que él sentía, optó por consultar al consejo de ancianos, ante sus dudas y por temor a Dios debía aclarar el encuentro de María con el mendigo y lo que ellos conversaron(…) Por fin, habiéndose preguntado si debería poner en conocimiento de los ancianos de la sinagoga el sospechoso caso del mendigo desconocido(…) (José Saramago, 27).
María es avasallada en sus derechos y dignidad, sometida a un interrogatorio en su propia vivienda, por tres ancianos emisarios de los sacerdotes de la sinagoga, ante presencia de los vecinos que casi siempre son curiosos y se encargan de expandir a los cuatro vientos lo sucedido. Tal decisión tomada por los sacerdotes, un interrogatorio en el que se le considera culpable de algo que no cometió, pero que a los ojos del marido por sus dudas y temores debía responder como toda buena esposa.
No existe peor ignominia, peor afrenta para una mujer, que ser sometida a una interpelación de esa naturaleza, propiciado por las dudas, por los celos infundados del marido, quien debía creer y confiar en ella. Pero el entorno social y las costumbres eran más fuertes que sus convicciones y José aún siendo marido no era dueño de sus decisiones, debía consultar y obtener el sabio consejo de los ancianos de la sinagoga, para tener el espíritu en paz.
Sin embargo, pese a las actividades , los quehaceres de todo hogar modesto, María debía además llevar y hacerse llevadera su propia vida y del ser que en su interior iba creciendo, algunas satisfacciones espirituales, pequeñas alegrías, reconocimientos a su labor debía tener en un mundo gobernado por los hombres, supeditado a la sabias decisiones de los hombres (…) Un buen recuerdo que María guardó siempre de esta Pascua tan prometedora fue el de no haber tenido que participar en la preparación de las comidas y que le hubieran dispensado de servir a los hombres(…) (José Saramago, 37)
Pronto José y María deben partir a Jerusalén para ser censados por orden de Herodes gobernador de las provincias de Judea, Samaria, Perea, etc. debían desplazarse para cumplir con el censo, (…) Los hombres caminan delante, formando un grupo, y con ellos van los chicos que han cumplido ya trece años, mientras que las mujeres, las niñas y las viejas de todas las edades(…) (José Saramago,39) van por los caminos de Dios, acompañados por otras familias que se desplazan organizados para evitar a los ladrones, que los había y los salteadores de caminos, por las noches acampaban y tenían una especie de servicio de seguridad. (…) entre las mujeres María es la única que va en cinta (…) (José Saramago, 39); aún en su preñez, María debe sobreponerse a su situación y sacar fuerzas de flaqueza, comprende que ella no es una mujer cualquiera, es la elegida para traer al Mesías y comprende que esa es una gran responsabilidad.
Durante el embarazo de María José tuvo que guardar abstinencia como lo manda las leyes religiosas y humanas, respetar la gravidez de su mujer era importante, pero hombre al fin, José era preso de pensamiento voluptuosos, de deseos sexuales como cualquier varón, sentía las hormonas excitadas, pero todo se apagó, porque recordó que el mendigo estaba presente en todos los lugares por donde se desplazaban, lo había visto acompañando a María, José nuevamente era preso de su inseguridad, de sus dudas, de la desconfianza que se apoderaba de su corazón, pero tenía temor de preguntarle a su mujer por el hombre que aparecía entre las mujeres en el camino (…) No tuvo valor para preguntarle a la mujer qué hombre era aquél y si sabía por dónde se fue, porque no quería oír la respuesta que temía (…) (José Saramago, 50)
María mujer al fin, humana, llegará a Belén con los dolores propios de un parto, José apura el paso para encontrar un lugar donde cobijarse, pero por el censo no hay hospedajes para ellos, deberán conformarse en una cueva, cedidas por una familia, allí junto a los animales María traerá al mundo al hijo de Dios hecho hombre, con los dolores, llanto y fluidos propios de un parto humano, asistido por Zelomi, la esclava que también es comadrona. Así de la oscuridad de la cueva, de esa caverna, nacerá la luz que iluminará la conciencia de los hombres para lavar el pecado de nuestros padres y el arrepentimiento sea la panacea espiritual de los impíos y pecadores.
Herodes, hombre impío, pecador impenitente, enfermo, en su lecho preso de una enfermedad grave, es informado del nacimiento del Mesías, del nuevo Dios, ordena muerte a los niños hasta los tres años, José escucha una conversación de tres soldados (…) Cuántos vamos a ir, No lo sé todavía, pero seremos los suficientes para rodear la aldea. Y la orden es matarlos a todos, A todos no, solo a los que tengan menos de tres años (…) (José Saramago, 77), se plantean las interrogantes ¿por qué no le advirtió el carpintero José a todas las madres de Israel lo que José sabe: que Herodes va a asesinar a todos los recién nacidos del reino? ¿Por qué? ¿Para salvar a Jesús, para que Jesús cumpla su destino, que será, también, la suerte de la muerte? ¿Reserva José a Jesús para la muerte en el Gólgota? ¿Por eso lo salva de Herodes? Y los demás, todos los otros niños, ¿esos qué?
Saramago esboza en la novela muchas respuestas a interrogantes que la iglesia católica no ha sabido explicar, por los vacíos que tiene la Biblia, como: cuántos hermanos tuvo Jesús, por qué él solo es hijo de Dios y los otros ocho hermanos no lo son, cuáles eran las actividades de niño, qué estudiaba desde niño, cómo mantenía José a su prole, etc. Según el relato nos trasmite la idea dominante del contexto en el cual el papel de la mujer fue creada principalmente para servir al hombre, para escuchar sus decisiones, nunca para ser escuchada, o la noción de que la crueldad existente en este mundo no la repara Dios, como está en su poder hacerlo.
Indudablemente que es difícil responder por qué José no advirtió a los padres de los niños menores de tres años que iban a ser asesinados por orden de Herodes, la primera reacción instintiva de todo padre es tratar de salvar a su familia entera, como es este caso, José además no era un hombre preparado para afrontar retos de esta naturaleza, era un sencillo y honesto carpintero dedicado a su trabajo y su familia, por ende no estaba en capacidad de pensar en los demás, de enfrentarse al poder de los romanos, probablemente este sea su pecado, en todo caso un pecado benial y no uno grave que merezca la muerte que tuvo.
Siendo el hombre el responsable de conducir el hogar, de tomar las decisiones más convenientes para su familia, causó realmente un terremoto cuando José al ir a rescatar a su amigo Ananías a la ciudad de Efesios, es capturado por las fuerzas romanas como sospechoso de subversivo, juzgado y crucificado junto a otros cuarenta que sí lo eran, siendo él el único inocente, la muerte de José padre de Jesús es quizás el castigo que merecía según las costumbres de la época, por haber pecado dejando que mueran niños inocentes en Belén por orden de Herodes Antipas. Hoy se habla de un Dios que perdona, siendo bueno y omnipotente, que nunca castigaría a ningún cristiano.
María al enterarse de la muerte de José su marido en Séforis, marcha a esa ciudad acompañada de Jesús y el golpe moral para ella y Jesús cuando ambos lo encuentran es mortal, al regresar a Nazareth al encuentro de sus otros hijos no responde a la pregunta de sus hijos sobre el padre, Jesús muestra las sandalias de su padre y todos rompen en llanto. A partir de ese momento Jesús con apenas trece años se hará cargo de ser la cabeza de familia según la tradición judía y ella como mujer tratará de responder a una serie de inquietudes que tiene su hijo relacionados con un sueño premonitorio que lo lleva a la desesperación. La madre tratará de explicarle a Jesús lo que desea saber, que su padre José tuvo sueños similares, le jura hacerlo solo si persisten, le explicará lo que soñaba el padre, siempre bajo la amenaza sutil de que él sabe todo y su madre no le debe mentir, la práctica del machismo existente en las costumbres se hace nuevamente realidad con el hijo(…) Jesús dijo, Cumple lo que juraste, y María respondió sin rodeos(…)(…)(José Saramago, 133), las explicaciones no satisfacen a Jesús, Responderás a todas las preguntas que yo te haga, responderé, dijo María(…)(…)(José Saramago, 133). Así Jesús sabrá que el padre tenía esos sueños tenebrosos a partir de la muerte de los inocentes de Belén, asesinados por orden de Herodes, mientras José preso de desesperación trataba de salvar a su primogénito.
Jesús siente opresión en su corazón, haberse enterado que murieron muchos niños en Belén solo para salvarlo a él, reprocha al padre muerto su actitud, no acepta la realidad tal como ha sucedido, no puede exculpar a su padre porque lo considera responsable de la muerte de inocentes, ese es el pecado que marcará la muerte del hijo(…)Mi padre sabía que los niños iban a ser muertos(…) (…) Mi padre mató a los niños de Belén(…) (José Saramago, 134)
Pasado dos días de estas revelaciones, cargando un pecado tan grande que lo abruma, lo entorpece, no lo deja descansar tranquilo, es tan fuerte que lo obligan a desdeñar las muestras de amor y comprensión de su sufrida madre, quien se empeña en despejar las dudas de Jesús respecto a su padre José, éste hombre y humano al fin, que ha cometido errores. Jesús abandonará la casa materna para afrontar su propio destino, que lo llevará finalmente a su crucifixión en el Gólgota, para limpiar del pecado al mundo, escribiendo su propio evangelio, como cualquier ser humano que carga su historia, sus alegrías, sus penas, sus tribulaciones y todo aquello que lo acompaña en su vida.
Abordamos el tema del machismo en esta obra de Saramago porque, debemos recordar que en esa época y siendo esta una historia de Jesús desde sus nacimiento hasta su muerte, ninguna mujer podría repudiar a su marido, debían respeto y sumisión a sus maridos, la palabra del hombre era ley para las mujeres, la iglesia ejercía un dominio total en sus decisiones. Actualmente cualquier víctima de un marido irresponsable, borracho, incestuoso, infiel, etc., se aferra a la Iglesia como una institución que la protege. Porque no sólo se trata de la vida privada de las personas sino también de un problema cultural más extenso y profundo, que es la indefensión de las mujeres, sobre todo de las humildes y desvalidas, frente a los hombres, sobre todo los poderosos e influyentes.
Y en ese contexto los valores conservadores que aún persisten en sociedades como las nuestras, son la defensa y protección de la institución de la familia, y de su estructura tradicional, ciertamente con predominio del varón y cierta situación de inferioridad de la mujer, aunque en estos tiempos está cambiando este concepto, debido a la fuerte presencia de mujeres en cargos que antes eran reservados solo para hombres, a diferencia de la época de Jesús en que la mujer estaba solo para servir a las necesidades del hombre y por ende a la sociedad eminentemente machista de ese entonces.

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