SENSACIONES

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Nuestras sensaciones más íntimas...

lunes, 15 de diciembre de 2014

El mundo es un pañuelo.


El mundo es un pañuelo, blanco, negro o de colores, según el cristal con que se mire, según lo ven las personas.
El mundo es una pequeña isla en el océano, fascinantemente perdida y a merced del vaivén de las olas.
El mundo es una estrella lejana en el confín del universo, perdida entre constelaciones, un sueño volátil.
¿El mundo será solo un pañuelo?
No, es más que ello.
Es ese lugar en el que se funden historias, imágenes y seres; alegrías, éxitos, tristezas, llantos y penas de seres diversos.
Seres humanos, felices, infelices y dudosos de sí,  que divagan en un mundo gaseoso, material o inmaterial.
Personas que buscan un rumbo en sus vidas, una razón para existir, chocan con una pared y rebotan.
Regresan con más fuerza, luchan con tesón, se mueven  y solo encuentran migajas a la vuelta de la esquina.
Esa esquina esquivamente iluminada con débil luz, que esconde sueños húmedos y besos escondidos.
Luz que invita a los amantes musitar quedamente su amor, gozando de la penumbra y el silencio.

Alrededor se unen todas las razas, todos los colores, todas las religiones, el amor es el poder del universo.
Foto: REUTERS

domingo, 16 de noviembre de 2014

El abuelo Antonio.


Era Abril de 1949  y la ciudad despertaba del largo letargo friolento de la noche. Abril, mes de la constelación Aries y del dios Marte o Ares, sus mañanas iluminaban la pequeña ciudad andina, eran radiantes y frías. Un sol luminoso, bajo el manto de un cielo azul intenso que llenaba de alegría y magia el espíritu de los pobladores.

El frío mañanero era penetrante se sentía en los huesos, se observaba en las bocanadas de vapor que salían de las bocas de las personas, es que pese al brillo del sol abriendo por el Este, sus rayos a esa hora llegaban débilmente, casi como una suave caricia y las personas buscaban abrigarse con prendas gruesas para protegerse de las inclemencias de la naturaleza, por lo menos las primeras horas del día.

Con seguridad al mediodía tendrían que desprenderse de esas prendas gruesas, porque el sol calentaba con fuerza y es que, a esa hora, toda la población estaba en actividad intensa, casi febril, por todos lados de la pequeña ciudad había movimientos de personas, atendían los numerosos negocios abiertos, para atender a los vecinos y las personas realizaban sus actividades de todo tipo.

Esa mañana fría, como todos los días Antonio Bonifas se levantó muy temprano casi con el crespúsculo náutico matutino, esos minutos que nos regalaban las madrugadas entre la claridad del amanecer y el orto del sol, llamó a su esposa Helena y la empleada María le respondió que había salido a comprar algunos artículos a la tienda de Don Joaquín Tomashiro con la niña Rosa, quien tenía 25 años.

Helena desde hacía 15 días acompañada de Rosa y de manera subrepticia salían de casa llevando algunas prendas y también artículos de primera necesidad, sin decir una palabra, las dos mujeres se dirigían con dirección, por el momento desconocida. Tampoco se sabía a quién iban a visitar todas las mañanas. Caminaban presurosas, de cuando en cuando volteaban la vista para observar si alguien las observaba, pero constataban que la calle por donde se desplazaban a esa hora estaba completamente vacía.

Solo las vendedoras de leche con  sus acémilas descansando, quienes se apoderaban de algunas esquinas de la ciudad, dominaban el panorama matutino. Llegaron a una puerta de madera color verde petróleo, tocaron, alguien les abrió los goznes chirriaban y desaparecieron en su interior y esperaron en el zaguán antiguo, posteriormente, atravesando un patio lleno de flores, ingresaron a un ambiente.

Antonio después del aseo personal, y afeitarse con su navaja de barbero, se dirigió a la cocina comedor donde lo esperaba un buen desayuno con panes calientes de su propia panadería, que funcionaba en un local frente a la casa, disfrutó, gozó como cada día, del desayuno con mucho deleite y salió agradeciendo, se puso el sacón de paño azul marino que lo acompañaba desde hacía cinco temporadas y el sombrero de fieltro heredado de su padre y salió al exterior, barrió con su mirada escrutadora ambos lados de la calle donde vivía, cuyo piso de tierra tenía las huellas húmedas del amanecer.

A media cuadra de distancia pudo divisar a su esposa Helena del Carmen acompañada por sus hija Rosa que se dirigían en dirección de la casa de su compadre Jorge Verástegui, pensativo se preguntó-adónde irá Helena a estas horas- prosiguió sus pasos que lo llevarían hacia el local de la panadería, cruzó la calzada de tierra, abrió la puerta chica del inmenso portón y sus articulaciones chirriaron, recordándole que pedían a gritos una lubricada de sus partes metálicas tan viejas, como la madera de pino del que estaba hecha.

Alargó sus pasos, cruzó el largo pasadizo, el eco de sus pisadas en el piso empedrado retumbó, miró la pileta cuyas gotas congeladas tenían formas caprichosas simulando una caída. Ingresó al interior del local donde funcionaba el horno de arcilla, donde trabajaba diariamente desde hacía veinticinco años y saludó a sus tres colaboradores con afecto, ellos estaban en febril actividad  sacando del horno los últimos latones con los panes calientes. Los primeros panes habían salido muy temprano para su distribución a las personas de toda condición, que esperaban ansiosos los panes calientes y sabrosos de la panadería Don Antonio, considerados una delicia y los mejores de la localidad.

Antonio permaneció en el horno hasta las 11 de la mañana y dio disposiciones a los trabajadores para preparar lo concerniente para la tarde. Salió a estirar las piernas, dirigió sus pasos a la calle Grau y subió la empinada pista de tierra, con paso lento pero seguro. Llegó a la Plaza de Armas, se persignó frente a la catedral, se encontró con Epifanio el vendedor de periódicos y revistas, intercambió saludos y recibió El Comercio del día anterior, así llegaban los diarios a provincias, le recordó que esa noche ensayaban, con su amigo Ambrosio, formaban el trio Gato Negro, ofrecían serenatas y amenizaban cumpleaños y matrimonios en la ciudad y los pueblos aledaños con mulisas y huaynos propios de la región. Antonio tocaba el violín como los dioses.

Prosiguió su paseo, visitó al boticario por una dolencia a la cadera que lo acompañaba varias semanas que se agudizaba por el frio, recibió el remedio pagó y se despidió con un apretón de manos, se cruzó con varias personas a quienes saludó formalmente entre hombres y mujeres que lo conocían, y eran sus clientes habituales, se dirigió al gran almacén de su compadre Victorio, en esta gran tienda se encontraba desde una aguja hasta una máquina de coser Singer a pedal y desde una harmónica  o rondín hasta instrumentos mayores de viento y cuerda, Victorio mostraba las últimas novedades traídas de la capital.  

Antonio siempre observaba con detenimiento un hermoso violín que se lucía en un escaparate, era de construcción francesa-cuánto deseaba adquirirlo- su situación económica no le permitía, pero para él con siete hijos que mantener era muy costoso, soñar no cuesta nada, volvía a preguntar nuevamente a su compadre por el precio y nuevamente movía la cabeza negativamente, su compadre entendió el mensaje, para otra oportunidad será, se despidió de Victorio y salió del almacén mejor abastecido de la ciudad y el sol en el cenit le recordó que debía regresar a la casa para almorzar, así que, alargó los pasos pese al dolor de la cadera y en menos de siete minutos ingresaba a su hogar, ya todos estaban esperando que llegara para sentarse en la gran mesa del comedor y como todos los días almorzar juntos, solo que, faltaba su esposa, que se demoraba en llegar.

Todos sus hijos lo miraban preocupados, porque conocían la firmeza de su carácter, también faltaba la mayor de las hijas y Antonio no se había percatado, hasta que preguntó por ella, adónde va su madre todos los días en la mañana acompañada de Rosa, a propósito dónde está Rosa. Ricardo el mayor de los hermanos le comentó que habían salido para visitar a una señora que había dado a luz, lo cual era cierto.

Todos en casa compartían un secreto que su querida madre les había pedido guardar, por lo que nadie se atrevía a delatar, hasta que, la menor de todas las hijas Elivia que tenía 15 años de edad y por la que Antonio tenía predilección por ser la menor, le dijo papá es que Pedro ha tenido un hijo con Antonia una chica del barrio. Pedro solo tenía 17 años y era un estudiante.

En esos instantes ingresaron Helena y Rosa, todos volvieron la mirada hacia su padre, luego miraron a su madre y hermana, las dos se quedaron paradas muy sorprendidas en la puerta, de inmediato Petronila se percató que Antonio Bonifás ya sabía el secreto que desde casi un mes guardaban celosos toda la familia, por no contrariar a su padre.

Al verlas ingresar y luego del saludo, entre enojado y gozoso por la noticia, les reprochó no haberle informado en su debido momento, lo que estaba sucediendo a su alrededor y mucho menos que no le dijeran, que el menor de sus hijos lo había hecho abuelo. Rápidamente olvidó la amargura y el mal momento, y de inmediato, preguntó por su nieto y dispuso que fueran a recogerlo junto con su madre. No faltaba más orden, salieron aligerando el paso la abuela Helena y Rosa, en menos de lo que canta un gallo ya estaban de regreso.

Así fue como Jorge Anselmo a sus escasos 36 días de nacido, ingresó en los brazos de su madre, por la puerta grande a la casa paterna, todos estaban reunidos en la sala de la casa, fue recibido con alegría y todo el amor que se le puede dispensar, a un recién nacido y nuevo integrante de la familia, la casa bullía de alegría y felicidad, las empleadas sonreían de alegría, entraban y salían después de ver a Jorgito. Toda la familia estaba muy emocionada al verlo entre pañales blancos y frazada colorida de lana, bien abrigado de pies a cabeza, ingresando a la casa ese día de Abril que nunca olvidaremos.

Algunas lágrimas furtivas se perdieron en los ojos del abuelo, la emoción lo embargó cuando por fin lo tuvo entre sus brazos, se percató de la fragilidad de ese cuerpito pequeño, indefenso, que necesitaba todo el amor y ayuda posible; lo acarició, lo besó y exclamó internamente cerrando los ojos para sí mismo –mi nieto querido-.

Desde ese día, cada mañana al levantarse Antonio y Helena, lo primero que hacían era ir a ver, cómo había amanecido su querido nieto, y así, el tiempo fue pasando, a veces rápido, a veces lento. Jorge creciendo, fortaleciendo sus piernas y brazos, alimentándose con la mejor leche y rodeado del cariño de sus padres, tíos y especialmente de su abuelos.


  

sábado, 11 de octubre de 2014

Presentación del libro "La Prensa de ocupación. Lima 1881-1883"

El día 9 de Octubre 2014, en la Asociación de Oficiales de las Fuerzas Armadas y PNP (ADOFAIP), con gran suceso se realizó la presentación del libro “La Prensa de ocupación. Lima 1881-1883”, del Coronel EP “R”, Licenciado en Comunicación y periodista de investigación Angel Arturo Castro Flores.
La presentación estuvo a cargo del Dr. Eduardo del Águila Horna y del Dr. José Antonio Páez Warton.
El Dr. Eduardo del Águila, durante su disertación expresó: “La ocupación de Lima vista desde una perspectiva informativa en la que la Fuerza de ocupación Chilena emplea las operaciones psicológicas para impactar al ciudadano limeño es bastante novedosa. Es interesante conocer la gran variedad de Diarios que circularon durante la ocupación de Lima y los contenidos de sus mensajes. El autor analiza los principales editoriales de los diarios: La Actualidad, La Situación, Diario Oficial de Lima y El Comercio de Lima, fundados por las autoridades chilenas de ocupación, así como El Pueblo y La Tribuna, autorizados a funcionar para apoyar al general Iglesias, estableciendo los principales mensajes que afectaron el sentimiento patriótico de la ciudadanía. La respuesta a estas acciones de propaganda, estuvo a cargo de los diarios La Bolsa y, El Orden, este último fundado, para apoyar al gobierno Provisorio de Francisco García Calderón”.
Por su lado el Dr. José Páez Warton, expresó “La actuación de la prensa de ocupación giró en torno de dos temas cruciales o centrales, que estratégicamente quería lograr Chile: el tratado de paz con cesión territorial y destruir el Ejército de Andrés A. Cáceres porque era un peligro para sus intereses. Las opiniones precedentes han sido posibles porque el Coronel del Ejército Angel Arturo Castro Flores tuvo la feliz iniciativa de abordar un tema prácticamente desconocido, lo ocurrido con la prensa en Lima durante la ocupación chilena entre 1881 y 1883. Para ello efectuó una laboriosa búsqueda de información en diversas fuentes, especialmente en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional y en la Hemeroteca de la Biblioteca de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos”.
Posteriormente a su turno el autor de la obra, realizó una exposición ilustrativa sobre el contenido del libro, iniciando con el escenario limeño al momento del ingreso de las fuerzas chilenas, las principales medidas que tomaron para el control de la población, la fundación de los diarios y la creación de una oficina recaudadora; un capítulo dedicado a la evolución de las Operaciones Psicológicas a través de la historia, para seguidamente presentar las principales imágenes de las portadas de los diarios de ocupación, con sus principales características y el contenido de los editoriales debidamente analizados. Expuso además, el rol que cumplieron los diarios La Bolsa y El Orden.
El General de Brigada en retiro Edmundo Díaz Calderón, Presidente del Consejo de Administración de la Cooperativa de Ahorro y Crédito “Promoción Tahuantinsuyo, entregó una placa de reconocimiento al autor de la obra, quien integra el Consejo de Administración de esta Cooperativa, en reconocimiento a su esfuerzo en investigar temas tan importantes para la historia de nuestra patria.
Finalmente se realizó un brindis de honor y la clásica firma de los libros a cargo del autor, quien fue reconocido y felicitado por los asistentes.












jueves, 2 de octubre de 2014

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LA PRENSA DE OCUPACIÓN. LIMA 1881 – 1883”.


El Periodismo Peruano se reafirma en su labor investigativa al presentar la obra titulada “La Prensa de Ocupación. Lima 1881-1883”, del autor Ángel Arturo Castro Flores. Publicación que aborda la problemática comunicacional y propagandística en ese periodo y es fruto de una investigación exhaustiva, que ha durado aproximadamente tres años.

Durante la ocupación de Lima por las fuerzas chilenas entre el 20 de Enero de 1881 y el 20 de Octubre de 1883, el gobierno de ocupación dispuso la publicación de cuatro diarios, para apoyar sus operaciones estratégicas y autorizó la publicación de otros periódicos con la condición de apoyar al General Miguel Iglesias. Estos diarios fueron: La Actualidad, La Situación, El Diario Oficial y El Comercio (apócrifo).

“La Prensa de Ocupación. Lima 1881-1883”, analiza el mensaje difundido por cada uno de estos diarios, que se encargaban de sembrar el pensamiento chileno en la ciudad ocupada, además de dividir aún más al Perú. Estudia también a su contraparte, los peruanos La Bolsa y el Orden, quienes trataron de mantener la unidad nacional y el espíritu peruano frente a la maquinaria desinformativa sureña.

La presentación de la obra se realizará el 9 de octubre del presente a las 11:00 horas, en la Asociación de Oficiales de las FFAA y PNP (ADOFAIP) sito en Av. San Felipe 379 - Jesús María.

ACERCA DEL AUTOR


Ángel Arturo Castro Flores nació en la ciudad de Jauja el 23 de marzo de 1949. Es Coronel en retiro del Ejército del Perú y Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Alas Peruanas. Es periodista de investigación y su primera obra, “La Prensa Limeña en la Guerra con Chile” fue publicada por el Fondo Editorial de la Universidad Alas Peruanas en el año 2008.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Presentación de obra La Prensa de Ocupación. Lima 1881-1883

Estimados amigos, en breves días estaré publicando mi segunda obra “La Prensa de ocupación” Lima 1881-1883. El lugar, fecha y hora les haré conocer por este medio. 
Me gustaría contar con vuestra amable presencia.
Atentamente.
Artucas.

martes, 18 de febrero de 2014

“Thatcher”.



























El Departamento de Piura está ubicado en la parte septentrional del Perú, si están en Lima, pueden optar por llegar en avión comercial, por tierra en buses interprovinciales o en su movilidad particular y se viaja por la carretera Panamericana. Durante su recorrido terrestre podrá ir conociendo otras ciudades grandes y pequeñas del país que están a la vera de esta pista totalmente asfaltada como: Huaral, Huacho, Barranca, Paramonga, Casma, Chimbote, Trujillo, Pacasmayo, San Pedro de Lloc, Eten, Pimentel, Chiclayo, Lambayeque y finalmente Piura, un recorrido de aproximadamente 980 kilómetros desde la capital, la carretera Panamericana hoy está en muy buen estado y el terreno es desértico, muchos tramos de su recorrido van cerca al mar. Son importantes los ríos que bajan de la cordillera occidental de los Andes y bañan los terrenos de cultivo a lo largo y ancho de los valles. En enero de 1993 las condiciones de esta pista eran calamitosas, totalmente abandonadas, algunos tramos estaban en pleno mantenimiento, así lo había dejado el gobierno aprista que gobernó del 85-90.

Ingresando por el puente Bolognesi que cruza el río Piura con un buen caudal de agua y desplazándose por la avenida del mismo nombre, con un calor espantoso, al mediodía cuando los termómetros marcaban los 35°C, llegaron a la calurosa ciudad de Piura, la tierra de los algarrobos, los hermanos Mijaíl, Rodrigo  Svetlana y sus padres. Los primero días de estadía en esta ciudad eran para no aguantar, la temperatura era muy elevada, la familia acostumbrada a un clima diferente menos agresivo sintió los efectos, ellos habían llegado de la lejana capital del país, a 980 kilómetros al sur de la ardiente y señorial Piura, fue duro los primeros meses adaptarse a las condiciones climáticas de esta ciudad, la familia tuvo que hacer acopio de mucha fuerza de voluntad y además las continuas lluvias dejaban anegadas las calles y avenidas principales, la cercanía al río Piura permitía que los zancudos se reprodujeran en grandes cantidades y molestaban con sus picaduras, las lluvias torrenciales, sus algarrobos verdes que inundan sus avenidas y calles, los murciélagos nocturnos, los grandes panales de abejas, el inmenso desierto en que está asentada la ciudad aumenta la sensación de calor y la falta de agua complican no solo el aseo, sino también la escasez para las actividades propias de la casa.

Las clases escolares se iniciaron en abril como todos los años, aunque la temperatura se había moderado, sin embargo para los niños que debían asistir al colegio era demoledor, hasta que poco a poco se fueron acostumbrando. Una tarde del mes de octubre de 1993 Mijaíl hijo mayor regresó a casa del colegio Don Bosco donde estudiaba el tercer año de secundaria, venía en taxi porque en brazos traía una gran sorpresa, una cachorro de Doberman mestiza, que conservaba aún muchos rasgos físicos de sus congéneres puros, al fin, después de mucho explicar que el director del Colegio le había regalado, no tuvieron más remedio que aceptar el regalito y a partir de ese momento fue preocupación familiar la nueva integrante de la familia, las vacunas, el veterinario y la alimentación, el corte de orejas y toda la parafernalia que sigue cuando crías un cachorro de esta raza.

Mijaíl comentó que el director del colegio el hermano Pau Lam, le había hecho entrega de la cachorro porque en varias oportunidades lo había visto observando en los momentos de receso escolar (recreo), en la parte interior del colegio, en un espacio donde los religiosos que administraban este plantel criaban a sus perros, el hermano Pau Lam apreció el interés de Mijaíl por los animales y con la experiencia propia de haber caminado tantos colegios en todo el Perú, le ofreció una de las crías, Mijaíl le pidió un cachorro macho, el hermano le dijo que no podía porque ya estaban asignados, así que le preguntó si tenía interés en una hembra y el niño no esperó ni un segundo y aceptó el obsequio, pero el hermano le dio una condición para ello, que le pusiera de nombre “Thatcher” en honor a Margaret Hilda Thatcher, Baronesa Thatcher de Kesteven, política británica que ejerció como primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990. Apodada la dama de Hierro decidió la intervención de las Fuerzas Armadas Británicas, para recuperar las islas Malvinas a sangre y fuego, en una disputa de la propiedad y soberanía con Argentina.

“Thatcher” fue creciendo y desarrollando sus características físicas, pese a su aspecto que parecía de gran fiereza y a la fama que tienen esta raza de canes, que mantenían las orejas cortas en posición vertical y que fácilmente orientaba en los 360°, era dócil, aprendió a obedecer, cumplir órdenes simples como: échate, dame la patita, siéntate, no te muevas, despacio, vamos, detente, etc. Cuando llegó al año de edad acompañaba al padre de Mijaíl en carreras de 4 kilómetros todos los días muy de madrugada.

Muchas anécdotas  hizo vivir a la familia esta linda mascota como: aquella madrugada que acompañaba a Mijaíl en sus carrera diaria, al cruzar la avenida fue embestido en el pecho por un motocar que hirió de gravedad a la mascota, este hecho movilizó a la familia y a los vecinos que quedaron impactados por la herida honda que tenía en el pecho, le había comprometido el músculo pectoral del lado izquierdo, la herida tardó mucho tiempo en cicatrizar, porque cada día el auxiliar de enfermería que hacía las veces de veterinario le curaba la herida y a los pocos minutos aparecía la perra sin el apósito, tuvieron que utilizar antibióticos y antibacterianos para evitar la infección. Las secuelas del accidente fueron malas y la acompañaron siempre y durante el tiempo que compartió su existencia con esta familia.

La segunda anécdota tiene que ver con que le gustaba los huevos de gallina crudos y era una de sus debilidades, por esos tiempos en casa compraban los huevos en pequeñas jabas o cajones y “Thatcher” descubrió que su contenido era muy agradable para su paladar hambriento e insaciable porque estaba en pleno crecimiento,  se había acostumbrado a ingresar silenciosamente del patio a la cocina y robar los huevos, comió tantos huevos que después se empachó y tan solo de verlos o cuando se le ofrecía uno, lo olfateaba y luego haciendo un gesto de desagrado se refugiaba en el jardín, santo remedio para evitar sus incursiones.

En otra oportunidad, en innumerables momentos, especialmente por las noches, la familia se reunía para alguna actividad, revisar tareas del colegio, escuchar música, ver televisión y para disfrutar de un refresco y galletas cream crakers en el patio y a la vez jardín de la casa, “Thatcher” los observaba con mucha atención, se acercaba sigilosamente moviendo su cola y con los ojos vivos y la mirada puesta en las galletas que crujían en la boca de los hermanos, esperaba pacientemente con muchas ansias que le regalaran unas cuantas con la que saciaba su apetito, cómo le gustaba estas galletas y con qué pasión disfrutaba comerlas, se relamía pasando la lengua por su hocico ansioso y que se le hacía agua.  

En otra oportunidad el padre de Mijaíl llegó del trabajo llevando una morcilla recién preparada, así que la esposa dejó el embutido en un recipiente de vidrio, encima de la mesa del comedor de diario, cuando de pronto ingresó “Thatcher” cautelosamente, guiada por su fino olfato, en un santiamén y aprovechando un descuido, mientras la esposa volteaba para guardar el manjar en la refrigeradora, la perra ya había mordido la morcilla y salió velozmente al patio, todos corrieron detrás de ella, pero conforme se desplazaba miraban cómo la morcilla desaparecía de su hocico y al final devoró limpiamente el relleno como le dicen en Piura, sin siquiera saborearla, luego se escondió en un rincón del jardín a disfrutar la digestión, mientras la familia miraba absorta y sorprendida por tremendo logro de “Thatcher”. Ese día se quedaron sin poder probar una buena rellena.

El padre de Mijaíl se levantaba muy de madrugada y  “Thatcher” al sentir los pasos de su amo bajando la escalera, hacía unos sonidos muy suaves como pidiendo acompañarlo, sabía que salía a correr y esa era algo que en su condición de mascota no se podía perder,  lo hacía porque tenía siempre presente ese antiguo aforismo “Mente sana en cuerpo sano”, que aprendió en sus años juveniles y había decidido mantenerse apto físicamente,  era una sana costumbre, que lo mantenía de buen talante y evitaba el estrés, un estilo de vida saludable.  

Corría alrededor del Cuartel Grau que tenía un perímetro de aproximadamente de 2.5 kilómetros de distancia, por lo que dos vueltas diarias era un buen recorrido para comenzar el día y en esta actividad lo acompañaba su mascota “Thatcher”, que iniciada la carrera se desplazaba toda velocidad y muy adelante, de rato en rato volteaba para ver si la seguía su amo, para hacerla regresar y no se aleje demasiado, cuando su amo volvía sus pasos en sentido contrario, la “Thatcher” se percataba y regresaba a toda velocidad, y lo sobrepasaba nuevamente, al tenerla a su lado volteaba nuevamente retomando la dirección original y así conseguía controlar el ímpetu de su mascota, hasta terminar la carrera.

“Thatcher” fue una mascota fiel, noble y generosa, les regaló 3 camadas a sus amos, la cruzaron la última vez con un Rottweiler, salieron unos cachorros bien bravos, especialmente el macho que era el más bravo de todos, la familia tuvo que obsequiar tres cachorros dos hembras y el macho de aproximadamente 5 meses de edad a un amigo, quien los trasladó a Pachacamac donde tenía una pequeña granja donde criaba reses y sembraba artículos de panllevar,  según comentó alguna vez, le fue muy bien con las hembras que cuidaban la granja, al macho debió sacrificarlo porque era destructor y muy violento.

La querida mascota de la familia “Thatcher” fue entregada a un amigo quien tenía una pequeña granja, donde criaba ganado caprino y tenía en mente aumentar la prole para utilizarlos en el cuidado de la granja, así que a tanta insistencia de este amigo la entregaron con las recomendaciones del caso, varias veces fueron a visitar la granja de este amigo ubicada a la salida de Piura a Tumbes, al principio “Thatcher” percibía la presencia familiar y de inmediato se acercaba, buscaba a Mijaíl ladraba y movía la cola por un rato, luego se alejaba y permanecía echada en el piso mirándolos. Pasado dos meses, cuando fueron nuevamente a visitarla, los niños la llamaron y la “Thatcher” movía la cola, pero no se acercaba, había roto el cordón umbilical que le unía a la familia de Mijaíl, Rodrigo y Svetlana y se había identificado con la familia del amigo, pasaron todos por un momento de tristeza, pero luego se alegraron, porque “Thatcher” había encontrado una buena familia que la querría tanto y la protegía como ellos. Regresaron todos a casa tranquilos y satisfechos, y a partir del día siguiente retomaron sus actividades y no regresaron nuevamente a la granja, una fotografía de “Thatcher” adorna el rincón de los recuerdos familiares y su vivencia al lado de la familia quedará para siempre como remembranza imperecedera.