SENSACIONES

SENSACIONES
Nuestras sensaciones más íntimas...

miércoles, 8 de abril de 2009

EL REFUGIO


A ese lugar ubicado a escasos minutos del camino, llega un tropel de jóvenes con la adrenalina al tope, la noticia llegó en un microsegundo, dicen que el local es bien paja, hoy se inaugura vienen con el ánimo lujurioso, desbordante.

A la vera del camino la figura de una mujer luminosa vestida de rojo púrpura hace la clásica señal de llévame con el pulgar, es una invitación soslayada para ingresar mientras el aceitunado portero brinda su blanca sonrisa.

Llegaron al Refugio, vaya nombre sugestivo, de forma circular, pasarela central, espejos en las paredes que reflejan la recreación con luces de colores y piso alfombrado de rojo tentación.


Las luces se apagan, una ilumina el centro del escenario, aparece la figura de una mujer de cuerpo escultural, de escasos veinte abriles, inicia un baile seductor al compás de una melodía pop del momento.

Mueve cadenciosamente sus caderas, con voluptuosidad se acerca a los varones para seducirlos con su magia hecha baile, su sensualidad a flor de labios roba las miradas, los machos levantan su copa y brindan por ella.

Con movimientos felinos se quita la ropa, una algarabía enorme estalla cuando queda como Eva en el Paraíso, mientras permanece con una sonrisa de niña inocente, duda a quien brindar su última prenda.

Midiendo sus pasos se retira lentamente, dejando un halo de misterio y seducción, ocultando la vergüenza con sus manos, tan pequeñas que no alcanzan a cubrirla; la música se pierde a los oídos como los aplausos.

El Almendro


El añejo almendro, con muchos setiembres a cuestas, permanece silencioso, inmutable e imperturbable mientras una suave brisa del invierno piurano lo deshoja una a una dejándolo desnudo.

Poco a poco se despoja de su carga ligera, sus hojas secas de un color oscuro en vaivén vuelan del viento a la superficie como aves marchitas desnudándolo de la cabeza a los pies.

Cada año en este tiempo muda de ropaje, luego se viste verde de la copa al tallo, brotan hojas nuevas, flores amarillas y el fruto pugna por abrazar el sol y ofrecernos su sabor agridulce.

Pocos se percatan de su desnudez impúdica, otros tantos miran y se alejan cambiados, solo el viejo jardinero lo contempla en pasmado silencio, son muchos años juntos.

Cuando él llegó, ya el árbol era adolescente, ambos se contemplan mutuamente, difícil saber qué emociones despiertan en sí mismos, un lacónico reproche por el cúmulo de hojas a sus pies que le causan demora en recoger.


Cuánto trabajo le das a tu compañero de vida, de días con y sin sol radiante que abraza, de suave frío y ventisca sin rumbo, de noches de vigilia y espacios abiertos, como aquella en que brotaste a la vida.

domingo, 8 de marzo de 2009

LOBOS CONTRA LOBOS (CUENTO)


Por: Arturo Castro.

Dos manadas de lobos habitaban un extenso territorio dividido por un pequeño río. La manada de lobos grises al Sur y los lobos blancos al Norte. El lobo gris Alfa levantó las fauces, olfateó el ambiente, miró a su manada hambrienta descansando en el inmenso hueco negro. La hembra Alfa movió la cola en señal de afecto, de inmediato se incorporó sobre sus cuatro patas. Se puso en alerta.

El lobo gris salió de su madriguera maloliente escondida en lo más profundo del desierto y captó el inmenso arenal, la tierra árida, la falta de alimentos y agua, volteó y miró su manada, todos hambrientos, con muchas necesidades, más bocas que alimentar y no había cómo hacerlo; pero, estaban preparados disciplinada y físicamente aptos para la lucha por la supervivencia. La necesidad y el territorio árido les exigía.

La caza diaria era infructuosa, vivían en un territorio despoblado y deshabitado, no había forma de abastecer a sus congéneres.
Sin embargo, sabía que subiendo hacia el Norte, existía un territorio donde podría encontrar buenas tierras, feraces lleno de bosques fértiles, agua, caza y muchas especies animales para alimentar su manada hambrienta. Solo había una dificultad, ese territorio les pertenecía por centurias a sus enemigos ancestrales.

Esa comarca le era apetecible, siempre lo fue desde que era un lobezno más. Envidiaba a los habitantes de esas tierras, rumiaba por lo bajo su rencor, deseó invadirlo y adueñarse de sus bienes, sus tierras y sus aguas. Como antes lo hicieron sus antepasados. Pero, ¿los tiempos habían cambiado? Dijo que no, estaban mejor preparados que antes.

Debía idear una forma más “civilizada” de acercarse a sus enemigos, ponerse una piel de oveja y convencerlos de las grandes ventajas que le ofrecía, así, aprovecharía la abundancia del territorio vecino, ideó un acuerdo, con muchas ventajas para su manada. Estaba seguro que su enemigo aceptaría, porque había conquistado el corazón y la mente de algunos lobos del bando contrario, eran sus colaboracionistas, existieron y existen en todas las manadas y épocas.

La loba gris Alfa había sido muy condescendiente con el lobo blanco, en una oportunidad que se encontraron en el lindero del bosque, hacía muchas lunas de ese encuentro fugaz. El lobo gris, esbozando una sonrisa hipócrita convenció a los representantes del lobo blanco. Así lo hizo y logró inicialmente la aprobación.

Pero los habitantes del otro territorio, la manada del lobo blanco, se percataron que los habían engañado y aullaron noche y día, reclamaron por las inmensas ventajas que les dieron a los lobos grises. El lobo gris y las eminencias grises de su manada, sus autoridades, la misma manada en pleno se reunieron y soltaron miles de agravios e insultos contra los habitantes del otro lado.

Nuevamente se frustró la negociación y le cayó la noche a la manda gris. Un día que el sol salía por el horizonte dejando caer sus primeros rayos, el lobo gris decidió cazar en territorio ajeno, su hembra escuchó el mensaje y se colocó rápidamente a su lado y meneó la cola, en señal de asentimiento. Detrás de él salieron los otros integrantes de la manada y en correcta formación se desplazaron en busca de alimento.

Cada quien por su ruta de siempre, olfateando el ambiente y remarcando su territorio. En la madriguera había nuevas bocas que alimentar, había nacido una camada de lobeznos y todos los cazadores debían salir en busca de alimento, mientras en casa quedaban dos hembras cuidando a los cachorros. Esa era la rutina de la manada. Alimentar y cuidar a los críos es la misión de todo jefe de manada.

El desplazamiento fue rápido, cada lobo se ubicaba de acuerdo a su jerarquía social, ni más ni menos, adelante el Alfa macho y la hembra a su lado, este olfateó el viento y lanzó un aullido que se desplazó por todo su territorio, el eco se escuchó en las quebradas, valles y montañas, y subió por las laderas y estalló en los oídos de sus adversarios.

Al otro lado de su territorio el lobo blanco Alfa líder de otra manada respondió alargando el aullido. De inmediato el instinto le avisó, son los grises que vienen por alimento. Aulló con su característica usual cuando se trataba de peligro y los componentes de su manada dejaron lo que hacían y se pusieron en alerta, esperando la orden del jefe.

Esta lanzó un gruñido fuerte, metálico y todos se desplazaron rápidamente hacia sus lugares de responsabilidad en su territorio. Sabían que esa mañana se encontrarían las fauces de las dos manadas, se volvía a reeditar las interminables luchas que tenían ambas manadas por dominar el territorio ajeno y cualquier cosa podía pasar, como, no regresar a la madriguera nunca más. De pronto la manada blanca se detuvo en seco, el macho Alfa había detectado peligro, era un olor desconocido, quién osó invadir mi territorio gruñó el lobo blanco.

Aguzó el oído, sus músculos se tensaron, las patas se pegaron a tierra y se agazapó para atacar, los demás optaron por lo mismo, algunos buscaron refugio en los matorrales, se cubrieron de la visión, más no del olfato enemigo. Sí, el lobo gris había ingresado sin autorización al territorio del lobo blanco.

De pronto en una pequeña loma este divisó a su enemigo el lobo blanco, aullando y moviendo la cola, enseñando las fauces, agresivamente. Habían tenido tres encuentros durante su vida. La primera cuando ambos acompañaban en la caza a sus respectivos padres, cada uno en su territorio y solo se olfatearon, como si se respetaran y cada uno se fue con su manada al interior de su territorio.

Esta mañana los lobos grises no regresarían a su territorio sin vencer a sus enemigos y llevar a su territorio todo lo incautado. Así fue, al final de la lucha vencieron los lobos grises, porque aprovecharon mejor las debilidades de los blancos. Los lobos blancos cayeron por su improvisación, su falta de preparación, es que todo lo tenían al alcance de la mano, buenas tierras, buena alimentación, bosques y agua a disposición y nunca se preocuparon por cuidar su territorio. Fueron traicionados por algunos integrantes de la manada.

Porque en toda manada, en toda comunidad siempre hay un traidor y desafecto, que actúa por resentimiento, envidia, celo o ambición; así se comportan los seres humanos, muchos ejemplos registra la historia. Para qué ahondar si ustedes ya los conocen.

jueves, 5 de marzo de 2009

El poder del voto en Blanco, Breve Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago.

Al igual que en otras naciones, en nuestra historia republicana muchas han sido las oportunidades en que diferentes personajes políticos, han propuesto a la población como una alternativa el voto en blanco o viciado. Durante la campaña electoral del 2001, hubo una propuesta política por el voto en blanco y viciado, esta cruzada estuvo encabezada por el escritor Álvaro Vargas Llosa y el periodista Jaime Bayly, quienes pidieron votar en blanco o viciado a la población, porque consideraban que Toledo y García, por distintas razones, estaban incapacitados moralmente para gobernar.

Se colocaron como adalides a la cabeza de ese vasto sector de la población que opinaba y seguramente hoy continúa opinando como ellos; además el 02 de junio de 2001, la ex secretaria de EEUU, Madelaine Albright, urgió a los peruanos a rechazar la campaña por el voto en blanco y a optar por un candidato en las elecciones presidenciales. Albright encabezaba en esa oportunidad la delegación de observadores internacionales en la segunda vuelta de los comicios en los que se disputa la presidencia el ex presidente Alan García y el economista Alejandro Toledo.

Este hecho aparentemente singular siempre se ha presentado en nuestra vida política y se vuelve a repetir cuando la población se percata que quienes están de candidatos son personajes que viven de la política, que están acostumbrados a no cumplir con sus promesas o, han estado involucrados en presuntos actos de corrupción y por tanto han perdido credibilidad y tiene su imagen muy deteriorada ante la población, que debe elegir entre un candidato malo y uno peor, esto mismo se repite en cualquier país, ciudad o región de la tierra (…)Los votos válidos no llegaban al veinticinco por ciento, distribuidos entre el partido de la derecha, trece por ciento, partido del medio, nueve por ciento, y partido de la izquierda, dos y medio por ciento.

Poquísimos los votos nulos, poquísimas las abstenciones. Todos los otros, más del setenta por ciento de la totalidad, estaban en blanco (…) (José Saramago, 31). Nuestro caso político se ha debatido desde hace 10 años como un péndulo, entre lo malo conocido o lo bueno por conocer, cuando todas las ofertas políticas están envilecidas, lo que está fallando es el sistema y lo que procede es votar en blanco, que es la mejor opción cuando se es demócrata y las ofertas y programas no tienen suficiente dignidad cívica, porque esa es un potestad del elector

Frente al incumplimiento de las promesas tantas veces repetidas a la población, la falta de un consenso democrático, la necesidad de programas de ayuda social a los sectores más pobres, crece en diversas sociedades y también en la nuestra, cierta indiferencia hacia los asuntos que atiende la clase política, y como sistema autoritario que se va sembrando silenciosamente un sentimiento de rechazo, así, en algunas oportunidades se impulsa el abstencionismo, como una estrategia política, coartando, conteniendo y desmotivando la intervención civil en los asuntos de gobierno.

El peligro que representa para el estado de derecho el hecho que los individuos se desentiendan de los asuntos de la administración pública y se recluyan en sus intereses privados, es grave. El abstencionismo varía en su significado de acuerdo con el grado de madurez de democracia alcanzada en el lugar o país que se trate (democracias estables y desarrolladas, o democracias en transición). Entonces será que el voto en blanco es un voto responsable de ciudadanos que por diferentes razones de conciencia no se sienten representados por los partidos políticos existentes.

El voto en blanco, no puede ser considerado como antidemocrático, el voto en blanco es igual de democrático que cualquier voto que se emita en las urnas, lo que sucede es que este voto asusta a los partidos políticos porque, no se puede identificar al votante porque el voto es secreto, el elector que vota en blanco no puede ser acusado de subversivo, ni antidemocrático porque está ejerciendo su derecho constitucional de elegir una opción, porque además es alguien que no está satisfecho con el funcionamiento de la democracia y escoge esa manera de expresarlo, lo que no se ha probado hasta ahora, no existe información si este voto es eficaz, pero de lo que estamos seguros es que sí sirve para mejorar la relación entre políticos y la sociedad, aunque la causa sea el temor.

El voto en blanco es considerado como un peligro para la democracia por los gobiernos y políticos de los partidos, ven un riesgo frente a la decisión soberana de la sociedad, de no elegir ninguna de las opciones que se presentan, les causa preocupación. Muchas autoridades no duermen bien, temen ser declarados ilegítimos, porque ineptos son, por tanto deben hacer lo imposible para buscar y encontrar a los responsables, desplegar a sus servicio de inteligencia y encontrar las causas que motivan el gran porcentaje del voto en blanco (…)(La impresionante tranquilidad de los votantes en las calles y dentro de los colegios electorales no se correspondía con la disposición de ánimo en los gabinetes de los ministros y en las sedes de los partidos.

La cuestión que más les preocupa a unos y otros es hasta dónde alcanzará esta vez la abstención(…) (José Saramago, 42), pero el voto en blanco también podría ser considerado como, mucho más que una abstención, porque quien vota en blanco, en realidad, asume una actitud activa, combativa y cuestionadora frente al sistema imperante, pues al no va elegir a ninguno de los contendientes está expresando un rechazo a la totalidad de las ofertas electorales que se le presentan y ese rechazo equivale a un severo cuestionamiento al sistema político en bloque, expresa la enérgica protesta del votante por la ausencia de opciones electorales renovadas, serias y responsables (…) (De esta, manera entre espías y vigilantes, entre magnetófonos y cámaras de vídeo, todo parecía seguro y bien seguro, a cubierta de de cualquier interferencia maligna que desvirtuase la pureza del acto electoral(…) (José Saramago, 44)

(…)(El gobierno, reconociendo que la votación de hoy confirma, agravándola, la tendencia verificada el pasado domingo y estando unánimemente de acuerdo sobre la necesidad de una seria investigación de las causas(…) (José Saramago,44), al no otorgar su preferencia a ningún partido, el votante en blanco está denunciando que existe una crisis de representación política generalizada y profunda, y está reclamando, por una vía indirecta, que el sistema político se renueve y que los partidos se abran a nuevas ideas, alternativas y propuestas.

Por ello es necesario que se promueva una amplia reforma política, que se traduzca en cambios estructurales, vinculados con la modernización de los partidos y con una absoluta transparencia en su funcionamiento y financiamiento, y en modificaciones operativas, entre las que se debatan el reemplazo del sistema de listas sábana en los grandes distritos del país y la posibilidad de otorgarle valor al voto en blanco.

Frente al hecho del alto porcentaje de votos en blanco en la segunda votación los gobiernos democráticos acostumbran a realizar una serie de conjeturas, van desde un atentado contra la seguridad del estado o contra la estabilidad democrática, hasta una conjura internacional de desestabilización política, ven enemigos en todas partes y mueven a sus agentes de seguridad del estado para ubicar entre los ciudadanos, partidos políticos de oposición y entre sospechosos del propio gobierno, a quienes estarían involucrados en tamaña aventura.

Sin embargo no se detienen a pensar, por un momento, que los causantes de ese voto en blanco son ellos mismos, quienes por voluntad propia se consideran los más lúcidos dentro de la organización, sin tener en cuenta que es todo lo contrario, esa enorme lucidez de la que hacen gala al momento de plantear sus promesas electorales, o la solución a los grandes problemas nacionales, prácticamente se convierte en una severa la ceguera, la que los sigue abrazando y equivocadamente creen tener la verdad cuando buscan un chivo expiatorio.

Por eso el voto en blanco es considerado un poder, que está en manos del vecino, porque el ciudadano común y corriente ejerce su derecho, su soberanía, cuando le da su voto al gobernante para que en su nombre y representación gobierne, pero también lo veta cuando vota en blanco, porque el voto en blanco es un desprecio a los políticos que trafican con las legítimas aspiraciones de los pueblos.

lunes, 16 de febrero de 2009

La tormentosa soledad de Amaranta Buendía, en “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez.


Macondo es una aldea fundada por Arcadio Buendía y veintiún intrépidos hombres con sus familias, luego de una penosa travesía por la sierra colombiana, suman un total de trescientos habitantes. Macondo se hace realidad “fruto de un sueño de casas con paredes de espejo”, que nunca pudo descifrar. Alejada de la modernidad, en medio de ciénagas, a la rivera de un río pedregoso, en cuyas orillas la gente acopiaba agua para sus principales necesidades, nació la aldea solitaria y aislada de la civilización y de la modernidad. Planeada, organizada y distribuida por José Arcadio Buendía
Pareciera que la soledad territorial de Macondo se contagiaba a los habitantes de la ciudad en ciernes, como una maldición se expande y toca a la familia Buendía conformada por dos primos, José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán ellos tuvieron tres hijos José Arcadio, Aureliano Buendía y Amaranta. Al nacer sus hijos a Ursula siempre la asaltaron los temores propios de las costumbres, el incesto era practica normal por esos tiempos, la prohibición de casarse entre familiares porque les nacían los hijos con cola de cerdo, quedaba tranquila cuando constataba que la maldición no les alcanzaba.
Desde su nacimiento Amarante llega y enfrenta la indiferencia del padre dedicado a sus actividades de alquimista, su hermano Arcadio había iniciado un romance con Pilar Ternera con quien tiene un hijo, Arcadio huye del pueblo con una gitana y abandona al hijo, Amaranta se hace cargo de su crianza. Mientras Ursula se dedica a la fabricación de caramelos, Amaranta y Arcadio son criados por Visitación una indígena guajira, de quien aprenden la lengua guajira y se niegan aprender el castellano, quizás aquí nace esa exclusión, esa separación, esa invisible barrera que pone ella entre su familia y su mundo de juegos y aprendizaje.
Durante la etapa de cambio de dientes, Amaranta y su sobrino Arcadio continuaban separados, excluidos del entorno familiar, faltos de amor filial, se comunicaban entre ellos y por intermedio de Visitación con sus familiares en la lengua guajira, (…) los hijos heredan las locuras de sus padres (…) (García Márquez, 49). El mundo de juegos de Amaranta y Arcadio se verá transformada por la llegada de Rebeca Montiel, una niña huérfana de Manaure, traída por unos traficantes de pieles, Rebeca sufrirá la pérdida familiar y le será difícil inicialmente acostumbrarse a su nuevo hogar y entablar una relación familiar con todos, principalmente con Amaranta.
Ni la enfermedad del insomnio, ni los arrebatos de la evasión de la memoria que obligó a Arcadio encontrar un fórmula para recordar los nombres, hicieron que la soledad de Macondo se viera trastocada, la pócima de Melquíades el gitano viejo, devolvió la luz a la memoria de José Arcadio Buendía. (…) tan ocupada estaba en sus prósperas empresas, que una tarde miró por distracción hacia el patio, mientras la india ayudaba a endulzar la masa, y vio a dos adolescentes desconocidas y hermosas (…) (García Márquez, 62) La indiferencia y los negocios de Úrsula aumentaron en el pueblo, éste crecía con la llegada de inmigrantes, progresaba la venta de caramelos y se diversificaba en la confección de panes y dulces que los habitantes de Macondo y del interior de la ciénaga consumían.
Úrsula viendo a Rebeca y Amaranta convertidas en adolescentes, le nació el deseo de mejorar las condiciones de vida de sus hijos, amplió la casa, la pinto de blanco, compró muebles vieneses nuevos de la gran ciudad y planeó una fiesta para inaugurarla, fiesta a la que asistirían los fundadores de Macondo y sus hijos.
Cuando Pietro Crespi joven italiano experto en música llegó a Macondo, para armar la pianola que los Buendía habían comprado para la gran fiesta, causó sorpresa por su pulcritud, educación, conocimientos musicales y de baile, provocó el interés de Amaranta y Rebeca, entre ellas surgió una rivalidad invisible. Pietro con la experiencia de un mundo lejano, moderno y avanzado, las envolvió en su halo perfumado de caballerosidad, cuando terminó sus labores dejó Macondo sumido en la tristeza y desesperación, abandonó también los corazones rotos de sus dos admiradoras, pero una solo sería correspondida, Rebeca lloró amargamente en su dormitorio la partida de su amado.
Pronto Rebeca tendría noticias de Pietro y será Amparo Moscote la hija del corregidor, quien la visitará y aprovechará para entregarle una carta de Pietro, muy disimuladamente pues Amaranta no despegaba el ojo de Amparo, así nació una amistad cómplice entre ellas. Amaranta se entera que Rebeca es la escogida por Pietro, el día fijado para la llegada del correo y este se retrasa, entonces Rebeca es presa de una crisis pasional que la llevó a un estado de depresión, con gritos de impotencia ante la lejanía de su amor y la falta de noticias. Amaranta también enfermó al enterarse que era Rebeca y no ella la correspondida, allí nació un rencor malsano contra Rebeca.
A partir de ese día Amaranta rumiaba en su interior la forma de separar a Pietro de Rebeca, no descansaría de sus ardides y emboscadas con el único propósito de separarlos, pero el amor que unía a Pietro y Rebeca soportó toda clase de interferencias.
El matrimonio de Aureliano Buendía y Remedios la hija menor del corregidor del pueblo, fue concertada en una noche de sexo de Aureliano con Pilar Ternera, causó revuelo y sorpresa en Macondo, Remedios era una niña cuando la pidió y una adolescente cuando se casó, apenas si había aprendido a la volada las actividades propias que debía cumplir como esposa.
José Arcadio Buendía decidió que Rebeca que era correspondida por Pietro Crespi se casara, que Amaranta viajaría a la gran ciudad para conocer otras personas y Aureliano se casaría con la niña Remedios. Rebeca recuperó la salud nuevamente, escribió una carta a su novio, Amaranta fingió estar de acuerdo con la decisión de su padre.
Pietro Crespi decide establecerse en macondo, abre un almacén para vender instrumentos musicales, forma un coro en la iglesia y formaliza su compromiso con Rebeca. Amaranta no cesa en su afán de romper ese vínculo y le confiesa su amor a Pietro, éste la trata como una chiquilla y le dice que tiene un hermano. La humillación recibida de Pietro catapulta en el interior de Amaranta su rencor al máximo, se acaba el amor que sentía por Pietro, en su mente diabólica urde una venganza, con un rencor violento guardado en el corazón, para impedir definitivamente la boda.
-(…) No te hagas ilusiones. Aunque me lleven al fin del mundo encontraré la manera de impedir que te cases, así tenga que matarte (…) (García Márquez, 81), fue la amenaza que recibió Rebeca de Amaranta al despedirse con un beso, cuando viajaba a la gran ciudad. El matrimonio de Rebeca y Pietro debía realizarse el mismo día que el de Arcadio con Remedios, pero una carta que llegó a Pietro indicando la próxima muerte de su madre frustró el enlace, Pietro viajó urgente a la gran ciudad, en el camino se cruzó con su madre que llegó puntual a la boda, Pietro regresó dos días después, sospechó de Amaranta como autora de la carta pero no habían pruebas.
Otro ardid tramado por Amaranta tuvo como cómplice involuntario al padre Nicanor quien inició una colecta pro construcción del templo nuevo, la obra demoraría tres años en culminar (…) la más afortunada será Rebeca(…), (…) te va tocar inaugurar la iglesia con tu boda(…) (García Márquez, 93).
Rebeca dejó de hablar definitivamente a Amaranta, discutieron acaloradamente, le increpó su interés en oponerse a la boda revistiendo sus acciones de una inocencia que no tenía, Amaranta en un rapto de odio exclamó para zanjar la discusión (…) Así no tendré que matarte en los próximos tres años (…) (García Márquez, 94).
Otro hecho luctuoso que demostraba la personalidad sicótico de Amaranta, fue el hecho que faltando un mes para el matrimonio, en su actitud febril de poner obstáculos, quitó las bolitas de naftalina colocados para proteger el vestido de novia que finalmente fue pasto de las polillas. Solo la diligencia de Amparo Moscote solucionó este problema faltando una semana.
Habiendo fracasado todos los intentos por impedir la boda de Rebeca, Amaranta resuelve dar muerta a su rival de amores, decidió utilizar laudano en un café para envenenar a Rebeca, lo haría el viernes día anterior al de la boda. Faltando una semana la amenaza de Amaranta se hace realidad, solo que la muerte que escoge a sus victimas con anticipación, llegó de manera fortuita a visitar a Remedios la esposa de Aureliano Buendía, Amaranta nuca se repuso de esta crisis de conciencia que la acompaño el resto de sus días.
Por esos días nació el hijo de Aureliano con Pilar Ternera al que llamaron Aureliano José, a la muerte de Remedios y como una forma de pagar su culpa Amaranta se hizo cargo del hijo de su hermano, lo adoptó como hijo suyo y se dedicó con mucho interés a su educación.
José Arcadio quien fugó con una gitana, regresó después de varios años a Macondo, había desarrollado enormemente, tenía tatuado todo el cuerpo y había recorrido los siete mares del mundo, llegó como se había ido pobre, pero con conocimiento de lo bueno, lo malo y lo feo de la naturaleza humana. Para Rebeca José Arcadio no paso desapercibido a diferencia de Amaranta que le causaba aversión su comportamiento vulgar y mundano, Rebeca lo comparó con Pietro y se percató que éste a su lado era un alfeñique, poco a poco buscaba su mirada, su compañía, se turbaba con la mirada de José Arcadio
El galanteo de José Arcadio hizo temblar de turbación a Rebeca, su pasión y deseo creció de manera exponencial, la dominó, lo siguió en sus pensamientos, en sus sueños húmedos, bajo sus sabanas como nunca antes, hasta que una noche silenciosamente, buscando la complicidad de las sombras y la oscuridad, ingresó al dormitorio de José Arcadio y se entregó con una pasión desconocida. Mientras él exclamaba en el clímax de la pasión nunca antes sentida (…) Ay, hermanita; hay, hermanita (…) (…) ella tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural para no morirse (…) (García Márquez, 102), de inmediato se casaron.
Pese a que el matrimonio de Rebeca con José Arcadio dejaba el camino libre para Amaranta hacia el corazón de Pietro Crespi, ésta nunca logró superar su odio hacia Rebeca, es que estaba celosa por la belleza de Rebeca que era superior y porque se casaba con su hermano. Lo cierto es que Amaranta era poco agraciada, atendía a Pietro con mucha diligencia, haciéndolo olvidar la terrible pesadilla de la traición de Rebeca, después de un tiempo le propuso matrimonio, esa sería una de las muchas propuestas, recibió una negativa de Amaranta, como tantas otras en el futuro.
La amistad entre Pietro Crespi y Amaranta era cada día más profunda, esa relación reverdeció en Amaranta la ternura olvidada, suspiraba y mostraba su alegría al lado de Pietro, aseguraba que éste había encendido su amor, la dicha trajo prosperidad al negocio de Pietro, quien hizo traer a su hermano menor. El tiempo pasaba rápidamente, el luto por Remedios ya no era importante, Pietro Crespi aguijoneado por el deseo tantas veces postergado, insistió nuevamente en pedir en matrimonio a Amaranta, grande fue su sorpresa cuando escuchó la respuesta de Amaranta (…)No seas ingenuo Crespi, ni muerta me casaré contigo(…) (García Márquez), 119) . Pietro Crespi desilusionado ante la realidad, con un dolor profundo en el corazón flechado por el amor dos veces y rechazado doblemente, no resistió y una noche se encerró en su almacén y se suicidó cortándose las venas el día de los muertos.
Gerineldo Márquez era un compañero de mucha confianza del coronel Aureliano Buendía, hacía muchos años que había puesto sus ojos sobre Amaranta, elle imperturbable siempre lo rechazaba, él insistía en pedirle en matrimonio en varias oportunidades (…) No me casaré con nadie, pero menos contigo (…) (García Márquez, 146). Úrsula viendo la insistencia del coronel Márquez que continuamente le pedía en matrimonio le dijo a Amaranta (…) Cásate con él, difícilmente encontrará un hombre como ese (…) Amaranta fingiendo disgusto respondió (…) No necesito estar casando hombres (García Márquez 147), esa noche Amaranta sintió un remordimiento comparable al que sintió con la muerte de Remedios.
Amaranta vio que José Aureliano ya era un hombre, desde niño lo bañó junto a ella desnuda, por las noches abandonaba su hamaca y se iba a dormir a su lado, luego ella inició un amor incestuoso con su sobrino, estos eran los únicos momento que la soledad de Amaranta quedaba aplanado por la consumación de sus deseos sexuales, que acabó cuando fueron sorprendido por Úrsula en el granero.
Durante más de cuatro años el coronel Gerineldo Márquez insistió en pedir en matrimonio a Amaranta y ella tantas veces lo rechazó sin herirlo, él incluso le prometió renunciar a la guerra, ella le dio su última respuesta (…) olvidémonos para siempre, ya somos demasiado viejos para estas cosas (…) (García Márquez, 173)
Amaranta envejecida por el odio de su corazón por su falta de interés en el amor, en medio de su soledad no podía escoger sus recuerdos, solo tenía espacio para los de Rebeca y su rencor que atenazaba su corazón mientras rendían pleitesía a su soledad quizás la única compañía en sus horas de aflicción era Remedios la bella cuando ambos comían en la cocina, continuó su vida solitaria, sabiendo que al otro lado de la ciudad vivía Rebeca.
Después de la muerte del coronel Aureliano Buendía al pie del castaño, Amaranta preparó su muerte con antelación, pero también la de Rebeca, para quien tejía una hermosa mortaja; después del último rechazo al coronel Gerineldo Márquez se internó en su cuarto y vivió solitaria.
Amaranta siempre pensó que moriría después de Rebeca, quien vivía su vejez solitaria viuda en compañía de una ama, Amaranta preparó su mortaja de común acuerdo con la muerte y su defunción acaeció cuando terminó de confeccionar su mortaja y en presencia de toda la población que le llevaba cartas para sus parientes muertos que se habían reunido en su casa.
Los varones, casi sin excepción, pero también las mujeres están marcadas por el signo de la soledad, el Coronel Aureliano Buendía, llora en el vientre de su madre, lo que para ella es una incapacidad para el amor. Amaranta nunca estuvo preparado para compartir su amor con un hombre, siempre se opuso a sus sentimientos, luchó contra ellos y finalmente murió en la vejez igual que Rebeca su rival de amores.

viernes, 30 de enero de 2009

PERRA NOCHE


Era una noche fría, el viento soplaba con ruido ensordecedor, las primeras gotas de lluvia caían sobre él, su viejo sobretodo inglés y el anticuado sombrero de su padre, protegían la incipiente calvicie que los años dejaban irremediablemente a su paso, mientras el ruido de la lluvia repiqueteaba al caer al suelo, su mente afiebrada avivaba sus malsanos pensamientos.

Roberto esperaba agazapado en una esquina, bajo la mortecina luz de un farol tan antiguo como la edad de sus abuelos a quienes el destino arrebató aún siendo niño y su padre que había fallecido la semana pasada; casi escondido, con sus ojos escrutadores miraba el panorama solitario, en un barrido ocular que despintaba la lluvia, no se le escapaba nada, ni nadie.

Desde su escondite vio a Rafael ingresar a la casa de Delia una mujer casada que le abría la puerta, el marido estaba enfermo y era de mayor edad, ella era una mujer muy joven, necesitaba con ansiedad ser amada, las sorpresas que guardaba y escondía la noche, bien decían que de noche “todos los gatos son pardos”.

Roberto rumiaba en silencio, su venganza tantas veces postergada por mil razones, pero esa noche de todas maneras lograría lo que tanto había esperado, el plan era perfecto y no podía fallar, así esperaba paciente a su victima, que pasara por ese lugar, por el que como un novenario de una beata, pasaba todas las noches rumbo a su hogar después de juerguear.

Pero, quién era la victima y ¿Por qué se demoraba tanto? , miró su reloj, contó el avance de las manecillas, le pareció que el tiempo volaba, había un retraso de 15 minutos, sentía que la paciencia se le agotaba, agarró con firmeza el arma escondida que llevaba en la cintura, lanzó una imprecación que ni se reconoció.

Maldijo mil veces a su próxima víctima, se había burlado de su hermana, la había utilizado como un objeto sexual, su pobre hermana sufría lo indecible, porque en sus entrañas llevaba el fruto de una violación. Arrancaría de este mundo al autor de tan execrable hecho, que hacía sufrir a sus padres y a su otro hermano, quien impotente por su malformación física, cada noche salía a buscar diversión, más por cobardía que por otra cosa.

De pronto a lo lejos aparece la silueta de una persona que camina en su dirección. Toma todas sus precauciones para no delatarse, mientras el desconocido avanza con paso lento, aparentemente cuidando no dar un mal paso,- los tragos y el juego fueron exuberantes- . Llevaba una gran perdida en los bolsillos, que diría a Mercedes, el dinero para pagar a los trabajadores se había esfumado en las garras de los tahúres nuevamente en el maldito casino.

Mientras tanto la lluvia aceleraba sus pasos, Roberto trata de escrutar a través de la fina lluvia, descubrir e identificar a la persona que se acercaba hacia él. Trata de adivinar, si es la persona que esa noche tiene una cita con la muerte en sus manos. La lluvia se intensifica, suena un trueno a lo lejos y un haz de luz ilumina el ambiente, Roberto se pega como chicle a la pared, buscando no ser descubierto.

Tenía que estar seguro que era él, no podía fallar esta vez. Mientras el otro avanzaba a una cita que ni el mismo podía adivinar, iba sonriente, había gozado de los placeres mundanos que le ofrecía el casino. Juego y mujeres una combinación letal para los bolsillos angurrientos, pero que alimentaban su espíritu y naturaleza sensualista.

La lluvia caía sobre las calaminas del techo de la casa adyacente, martillando un sonido raro. Parecía una canción lúgubre, triste, melancólica, era el presagio de una muerte segura que el destino le programaba. Poco a poco el desconocido se acercaba, faltaba pocos pasos para llegar a la altura de Roberto.

Roberto lleva la mano a la cintura saca la pistola y quita el seguro, esperó, contuvo la respiración, tenía temor que él otro se diera cuenta, que lo descubriera y todo fuera un fracaso, quería aprovechar la sorpresa, disparar dos tiros en plena frente, tirar el arma y salir caminando, felizmente estaba con guantes y no dejaría huellas.

Mientras el otro que venía silbando una vieja canción, casi a dos pasos de distancia, se detiene bruscamente, saca su cajetilla de cigarros y prende uno, el haz de luz le da en el rostro, lanza una bocanada, la precipitación apaga el cigarro y el agua se dispersa por el camino, la lluvia cuenta sus gotas cada vez con más fuerza.

Roberto está apuntando a su enemigo, cuando está a punto de disparar, reconoce a la persona que esperaba, se percata con gran sorpresa que se trata de su hermano menor Jorge, quien lo reconoce al instante pese a los tragos que llevaba en el cuerpo, le sonríe y pregunta ¿qué haces escondido hermano?, no me dirás que Mercedes te ha mandado buscarme.

Roberto lanzó una imprecación, maldijo el momento, el azar, la coincidencia, el instante, el lugar, guardó rápidamente la pistola, su hermano no se percató de la maniobra. Por un momento pensó -casi mato a mi propio hermano Jorge- que regresaba como todas las noche del casino, se abrazan ambos y en el momento que van a emprender el camino juntos, a su lado pasa Samuel Aragonés, -qué hacen los hermanos Castrillón a estas horas en medio de la lluvia-

Ambos contestan el saludo y Roberto solo atina a mover su cabeza abrazando a su hermano, piensa- ¡maldito te salvaste hoy!

sábado, 24 de enero de 2009

PIQUES CORTOS.

Piques cortos
Por: Arturo Castro


Joshua, Roberto, George y John, son cuatro amigos de la clase alta limeña, como todos los jóvenes acomodados han estudiado en colegios privados de la capital, viven con generosidad hedonista, full diversión cada noche de semana, en las playas de Asia o, en la vías y avenidas importantes de los barrios residenciales, haciendo los conocidos piques, aprovechando la falta de control de sus padres y de la policía, que normalmente en estos barrios residenciales brillan por su ausencia.

A estos jóvenes no se les escapan las hembritas de otros barrios de clase media o baja, a donde acuden a “practicar” sus grandes dotes de don Juan. Así muchas veces no solo se burlan luego de lograr satisfacer sus instintos animales, sino que cada uno en innumerables ocasiones no reconocen los embarazos, más bien les sirve para vanagloriarse y alimentar su ego.

Cada fin de semana, buscan divertirse a su manera, como han sido acostumbrados y mimados desde niños, con sus automóviles de lujo que oscilan entre los $50,000 y $70,000 dólares o mas cada uno, que papito les regaló para que no los molesten, mientras ellas y ellos se dedican al te, la canasta o tirarse una canita al aire con la secretaria joven, o los filetes que abundan en Miraflores.

Las madres aburridas por el paso de los años, con una crecida ludopatía algunas y otras empedernidamente ludópatas, viven y sueñan para el juego, las apuestas, ellas dicen que así se distraen y dejan de joder en casa. La lucha contra la gordura es permanente, sus cuerpos flácidos a punta de dietas y por falta ejercicios. El Spa y los gimnasios de moda son visitados rutinariamente, pero solo es un lugar de tertulia, de conversación, los maquilladores, la mayoría gay, se ganan con los datos que escuchan de tal o cual dama.

Abandonadas a su suerte por el desinterés de sus maridos, también maduros como ellas, acuden a los casinos de moda. Lugares lúdicos donde buscan ansiosamente ganar en las apuestas, buscando la mirada de los jóvenes que van a esos lugares en busca de una “vieja” que les levante el bolsillo. Ansiosas esperan que un joven pose sus ojos en sus regordetas figuras. La ansiedad las domina y se les lee en los ojos, cuerpos y almas que sufren por el abandono de las caricias amorosas. Quieren ser amadas urgentemente, con desesperación y ansiedad. Les sobra billete en la cartera y deseos entre las piernas.

Allí, en esos casinos de luces multicolores de figuras diabólicas y pisos alfombrados, no solo pierden el dinero que reciben generosamente de sus maridos o, lo que han heredado de sus padres, producto de una fortuna mal habida. En la mayoría de los casos salen acompañadas de jóvenes que se buscan un sencillo por satisfacer sus apetitos sexuales; además de su propia dignidad desperdiciada.

Mientras sus maridos en residencias alquiladas para sus citas clandestinas, dan rienda suelta a sus bajos instintos. Han bautizado los fines de semana como el día de la perdición, del adulterio. Día del matrimonio popular, arman bodas y cumpleaños de sus secretarias, despedidas de solteros y solteras. Siempre hay programadas supuestas “reuniones” de directorio, reuniones de emergencia por tal o, cual razón.

Sus círculos están cargados con mucho licor, perreo, música reggetonera, el hip hop y jóvenes acompañantes de clase A1, que satisfacen sus necesidades sexuales a cambio de dinero, pago de pensiones para estudios universitarios o regalo de departamentos y línea blanca.

Son en su mayoría dueños de empresa, funcionarios del Estado o de la empresa privada, ministros, congresistas y generales de las FFAA y PNP, que buscan explorar nuevos horizontes, nuevas aventuras para darle sentido a sus vidas; es que ya no encuentran en sus hogares lo que la madurez y los años han dejado en ellos y sus mujeres, quieren caricias de mujeres jóvenes, cuerpos duritos y aliento sensual y perfumes baratos.

Además el maquillaje y la liposucción no borran las huellas de los espacios, la flacidez de sus cuerpos, ni la pesadez de los fluidos corporales y sensoriales de sus mujeres, que deben aguantar por el contrato sagrado del matrimonio, por un papel firmado, al cual aborrecen y quieren incinerar, pero las costumbres de esta sociedad no los permite.

Ayer no fue un fin de semana cualquiera, hubo de todo, desde tragos exóticos y mujeres livianas y carreras hasta la medianoche, la policía ni se mete porque saben que recibirán una llamada de algún general de la policía amigo de los padres o socio en las empresas de seguridad, los vecinos tiene que aguantar el ruido molesto que provocan los vehículos de estos “hijitos de papá”, hasta cuándo, se preguntan algunos vecinos, molestos pero impotentes.

Pese a la gran amistad que había entre los cuatro amigos, existía una rivalidad entre Roberto y John, porque ambos eran atléticos, eran los que más conquistas habían logrado entre las chicas y los que no les interesaba llegar a la violación para saciar sus bajos instintos.

Una chica de nombre Margot había sido enamorada de John por varios meses, los amigos decían que estaban flechados ambos y las chicas juraban que llegarían al altar, pero se pelearon debido a que John era consumidor de marihuana y a ella no le gustaba esa nota.

Roberto en silencio deseaba a Margot, soñaba con ella, dormía con ella, el deseo era superior a su racionalidad; la observaba detenidamente cuando estaba al lado de su amigo, con su mirada lasciva la recorría de pies a cabeza, ella ya se había percatado de ello y le hacía el juego, a veces le sonreía de manera incitadora, otras veces lo miraba con indiferencia, pero él ahí, todo el tiempo, esperando su momento, para mostrarse.

Roberto sabia que su amigo ya había entrado en la intimidad de Margot, la había recorrido de pies a cabeza, como la canción, pero eso no le importaba, juraba mentalmente que esa hembra era para él, lo podía sentir, solo era cuestión de tiempo y él tenía mucha paciencia y esperaba que su amigo John la descuidara uno de esos días y “fierro a fondo”.

Así fue como una tarde se encontró con Margot en la Avenida Juárez y la saludó. Se preocupó por ella al observarla que venía con el rostro lloroso, había peleado definitivamente con John. Lo había sorprendido besando a una chica que había llegado al barrio, su reacción fue darle una cachetada en el rostro y salir corriendo.

Mientras Margot lloraba a cantaros, Roberto pensó-llegó mi oportunidad- la consoló cariñosamente, la apoyo moralmente con sanos consejos, la ayudó a llevar su pesada cruz, finalmente viéndola débil anímicamente la acompañó a su casa, la madre de Margot una mujer viuda había salido, estaban solos, el destino lo había colocado en posición muy ventajosa.

Ella se quejaba de haber sido demasiado fiel a John y este le pagaba con una mala moneda, Margot no dejaba de llorar, maquinalmente se dirigió al bar, ella agarró una botella de vino sirvió dos copas y le alcanzó uno a su acompañante, se sentaron junto y comenzaron a beber, pero ella seguía llorando buscando consuelo a su dolor, mientras él la seguía acariciando en el hombro y la ayudaba a desahogarse, le susurraba al oído palabras de consuelo.

Cuando de pronto ambos como llamados por un deseo malsano, se vieron así mismos acariciándose, besándose con desesperación y luego consumando una relación, donde se mezcló el sentimiento de venganza de ella, con el deseo sensual de él, tantas veces postergado y aguantado.

A partir de ese instante Margot salió con Roberto para olvidar a su antiguo amor y John buscó vengarse de ellos, una noche que la neblina se comía el piso, estaban reunidos los amigos en la esquina de la Avenida del Aire, porque John había desafiado a Roberto a un pique corto de medio kilómetro, el que ganaba se quedaría con Margot.

Ambos, antiguos amigos de aventuras y amores perdidos, hoy enemigos por el amor de una mujer, mientras los amigos hacían barra a uno y otro contrincante, estos aceleraban sus maquinas causando un ruido ensordecedor en la avenida y los vecinos en sus casas lanzaron imprecaciones que no se pueden reproducir.

Un fulano anónimo cansado y aburrido del ruido constante y continuo, del abuso de los pitucos y de la falta de seguridad ciudadana, la ausencia de policías, a mitad de recorrido donde se realizaba la competencia, cruzó la pista de manera natural, como quien no quiere la cosa y de sus bolsillos comenzó a caer a la pista por donde pasarían los carros a toda velocidad un cúmulo de tachuelas gigantes, ya le había llegado todo, ruido, abusos, ausencia policial, tráfico, todo se iría a la porra.

Vio que los vehículos salieron a gran velocidad, a 300 metros Roberto ganaba por una nariz, precisamente en ese instante pisan el acelerador y llegando a los 400 metros las tachuelas hicieron su efecto reventando las cuatro llantas de ambos carros, y se produjo un accidente grave, al chocar ambas maquinas que los pilotos no pudieron controlar, quedando como saldo dos muertes espantosas.

Mientras sus padres se divierten a su manera, cada uno por su lado, al otro lado de la ciudad, así acabaron estos jóvenes amantes de la diversión, de mujeres y los piques cortos. Con seguridad los familiares llorarán la ausencia de sus queridos hijos, pero está comprobado que eso será por unos días, luego retomarán sus actividades rutinarias. Quizá se arrepienten de no haber corregido a tiempo estos errores en el cuidado de sus hijos. Margot se quedó sola, perdió soga y cabra.

EL HONOR Y LA GLORIA


VAS CAMINANDO UN LARGO TRECHO DE TU EXISTENCIA
CARGANDO TUS BÁRTULOS COMO CUALQUIER MORTAL
PENSANDO QUE AUN QUEDA NADA PARA LA META
SINTIENDO QUE EL CANSANCIO TE QUIERE ALCANZAR
TÚ CONTINUAS EN EL INTENTO SIN DESMAYAR

NO TE IMPORTA LLEGAR EXHAUSTO A ESE LUGAR
TE SIENTES ANSIOSO DE VERLA Y TOCARLA
DE ESTRECHARLA EN TUS BRAZOS FUERTEMENTE
BESARLA Y ACARICIAR SU CUERPO DE DIOSA
QUE CEGARÁ LA POCA CONCIENCIA QUE TE QUEDA

ESTE CAMINO HA SIDO LARGO Y SU RUMBO SINUOSO
LLENO DE TENTACIONES, AMARGURAS Y DESTIERROS
CARGADOS DE ESE SABOR AGRIDULCE COMO LA TRISTEZA
COMO AQUEL DOLOR QUE NO CABE EN UNA COPA
PERO DUELE Y APRIETA EL CORAZÓN COMO UNA GARRA

MIENTRAS LA MISERIA MAS PROFUNDA DE ESTE MUNDO
LLENO DE HIPOCRESÍAS Y LETANÍAS POR DOQUIER
SE LEVANTA PRESUROSA AGUIJONEADA POR SU INACCIÓN CON MENTIRAS UNIVERSALES QUE ESCUCHAMOS A DIARIO
ROBUSTECIDAS DE INFAMIAS Y CARGADAS DE RECELOS

NO CONOCE DE LEALTADES, NI SACRIFICIOS DESMEDIDOS
SOLO LES PREOCUPA VITOREAR ZALAMERAMENTE
LAS VIRTUDES Y ALIMENTAR LA VANIDAD DE SUS MAYORES
DESTILANDO INJURIAS INFAMANTES PARA LOS DEMÁS
DEJANDO POR LOS SUELOS LA VIRTUD Y DECENCIA AJENA

ASÍ DE FRUSTRADA Y TENTADORA SE PRESENTA ESTA SUERTE
ESA DIOSA FORTUNA QUE TODOS ESPERAN TOQUE SU PUERTA
SOLO ALGUNOS ESCOGIDOS POR EL DESTINO DUBITATIVO
SON LOS QUE FINALMENTE SALEN A SU ENCUENTRO
PARA AGARRAR EL TRIUNFO EN SUS MANOS.

PERO EXISTEN OTROS Y MUCHOS MAS ATRÁS ESPERANDO
ARRASTRAN SUS POBREZAS Y MISERIAS POR CALLES Y PLAZAS
LEVANTANDO LAS MANOS VACÍAS PIDIENDO UN CENTAVO
UNA MIGAJA PARA SACIAR SU HAMBRE Y SED DE HONOR
SON LOS POBRES DESTERRADOS DE ESTE LUGAR AJENO

SE CONFORMAN CON LO QUE EL DESTINO LES BRINDA
NO LE PONEN CORAZÓN A SUS ACCIONES
LES FALTA VOLUNTAD PARA VENCER SE QUEJAN DE SU INCOMPRENSIÓN CON DESDÉN
LAS PUERTAS SE CIERRAN, TODOS NO PUEDEN ENTRAR
DENTRO ESTÁN LOS ESCOGIDOS, LOS PERSEVERANTES, LOS TRIUNFANTES
.

jueves, 15 de enero de 2009

LA OFICINA Y DON PEPE

Siempre se habla de los años maravillosos, todos de alguna manera hemos vivido en cada generación nuestros años maravillosos. 

Etapas asombrosas, períodos extraordinarios con sus alegrías desbordantes, sus tristezas endurecidas, sus quereres olvidados en un baúl de cachivaches, donde se guarda lo que sirve poco o para nada. 

En la esquina del pasaje Quilla con Canevaro en su querido barrio, Lince y Lobatón, Marcos se reunía con toda la patota, la collera, la mancha de entonces, todas las noches, la cita era a las 8 pm. Unas veces para exteriorizar su alegría cantando canciones del momento, relatar chistes colorados y narrar sus anécdotas o simplemente para conversar y pasarla bien. 

Soñar no costaba nada, los sueños estaban al alcance de la mano, era cuestión de estirar el brazo. Por ello imitar a Raphael cantando sus éxitos del momento no era nada especial. Tampoco cantar las canciones de Leo Dan y hacerle barra a los enamorados de entonces, batirlos era una constante. Una banca frente al parque, un pasadizo semioscuro bajo la luz mortecina, un jardín, el parque o simplemente una caminata junto a ella era la satisfacción más grande. 

Marcos recuerda con claridad que estaban de moda los chicos de la nueva ola, Pepe Miranda con la pera madura, Paco Daglio, Koko Montana con Beatriz, Jorge Conti, Elmo Riveros y Jimy Santi con su famoso chin-chin. Por esos años vinieron los Rufino, un grupo mexicano de cantantes adultos, padres e hijas, todos gorditos simpaticones. 

En Lima barría el garoto do oro do Brasil Sergio Murillo y su archiconocida “Querida” Lima fue visitada por una guapa y rubia cantante chilena Nadia Milton, cayeron los hermanos Arriagada, con Natalie. 

Al compás de esas canciones nacieron amores, se rompieron, se reconciliaron y se volvieron a separar, algunos terminaron en el altar, otros terminaron en el recuerdo. Nunca antes hubo tal profusión de canciones en el ambiente juvenil. 

La década del sesenta fue la mejor de la épocas Y todos allí en esa esquina, la famosa “oficina”, con su muro lleno de pintura verde, absorta y callada, muda, testigo de nuestras alegrías, tristezas, llantos, sueños y desvelos. Conversaban, reían, contaban chistes de todos los colores. 

Respetaban a las personas mayores, fumar en presencia de ellos era un pecado. En las vacaciones de verano, don Pepe quien era guardia civil, de esos policías de antes y trabajaba en la comisaría de La Victoria, se encargaba cada cierto tiempo de traer una pelota de fútbol que obsequiaba al grupo. Ellos se preguntaban de dónde la sacaría, porque él no la compraba. Después supieron que eran de sus famosas batidas. 

Don Pepe siempre fue un gran amigo y consejero de todos, los acompañaba en los partidos de bulbito en el parque Matamula, hoy convertido en el hermoso parque de Los Precursores, todas las noches de verano, su esposa preparaba limonada heladita para todos los muchachos. El equipo de Marcos fue imbatible por muchos veranos. 

Siempre salía a relucir el espíritu deportivo, la fuerza y el coraje de todos. Ningún equipo los ganó en su cancha, un gran orgullo que persiste y persistirá por los tiempos. La vida de la patota discurría entre los paseos a la playa en la combi de Lulo durante el verano, las guitarras de Armando Reyes y Raúl Herrera el de los Belkings. 

En invierno las visitas a Chosica, las travesuras de Alberto Poma el gran “chaveteao”, o los partidos de fútbol del negro Mario Castillo, quien los llevaba al estadio San Martín para verlo jugar por un equipo de segunda división el Sport Manchego. 

El negro Mario también tuvo su aventura por el norte del país en “Los Diablos Rojos de Chiclín”. Duró poco tiempo, su padre lo regresó a punta de chicote. Pero, había un amigo en particular que, siempre se acercaba al grupo de manera cautelosa, sigilosa y se introducía en las reuniones nocturnas silenciosamente. 

Carlos era mayor que la mayoría del grupo, siempre con pantalón y camisa de vestir, venía del trabajo una oficina estatal, vivía en la José Leal. Era el que contaba los chistes colorados. Carlos tenía una particularidad asombrosa, para iniciar su actuación de comediante amateur, sacaba del bolsillo de su camisa una libretita negra donde tenía los títulos de los chistes, era imparable contando. 

Una vez que comenzaba, no permitía que nadie lo interrumpiera, no paraba. Mientras la collera reía a montones y los vecinos demostraban su molestia con un sonoro ¡Cállense!. Al final ellos también reían. Hace poco tiempo Marcos lo volvió a ver en las mismas calles, un poco más avejentado, con los años encima, la vida no lo ha tratado bien. 

Se quedó ensimismado en sus sueños, en sus mismos chistes colorados. Estaba atrapado por la rutina, que es el lastre del hombre y caminaba cabizbajo, impenitente, de rato en rato mirando el pasado que quedo muy lejos. Así, día a día recogía sus pasos perdidos, por las viejas calles del barrio que muchas veces lo escucho, se rió y gozó con sus sabrosos chistes de grueso calibre. 

El eco inconfundible de su voz cuando contaba sus chistes y las risas de todos, ha quedado grabado en la retina y tímpano de toda la collera, ha pintado algunos surcos en las paredes de la famosa oficina. La oficina, trae hermosos recuerdos de aquellos tiempos que se fueron, es parte de la fisonomía de siempre. 

Allí en ese lugar algunas veces Marcos imitó a Raphael, cantó canciones de los Doltons, además en coro cantaban todos canciones de Nino Bravo, Los Iracundos y Leo Dan, acompañados de una guitarra, que hoy permanece guardada en el almacén de los recuerdos, esperando un momento de atención. Cuándo llegará ese momento...

miércoles, 14 de enero de 2009

LA SONRISA DE UN GRAN FUTBOLISTA

Armando era un adolescente que hacía pocos días había cumplido los quince años, por momentos tenía cambios de temperamento y se ponía irritable. Su madre decía que estaba en la edad difícil, la edad en que no se sabe qué se quiere, la edad de “nadie me comprende”, de los sueños y los amores platónicos.

Estudiaba en el Melitón Carvajal, esa Gran Unidad Escolar construida durante el gobierno de Odría. El comportamiento de Armando y sus compañeros de la misma edad no difería mucho. Todos atravesaban esa difícil etapa de la vida, en que de niño se pasa a joven tan de repente, con mucho esfuerzo e incomprensión.

Una tarde que retornaba del colegio hacia su hogar, le pareció más triste la Plaza Pedro Ruiz Gallo, contrastaba con la alegría de los feligreses que escuchaban el tañido de las campanas de la Iglesia. Estaba triste la tarde por la penumbra, el crepúsculo vespertino llegaba sin demora, o era su imaginación.

Quizás el triste era él, cómo saberlo, no era muy comunicativo, tampoco era un soso. La avenida Canevaro lucía con esa tenue pintura lóbrega de invierno. El letrero del cine Ollanta con sus luces multicolores centellando y el escaparate lleno de luces y afiches de las películas a estrenar.

Caminaba presuroso por estas calles que le eran muy familiares, iba pensativo y preocupado rumbo a casa. En el colegio había protagonizado una pelea a puño limpio con otro compañero, por nimiedades. No valían las patadas ni cabezazos, eso era de cobardes y traicioneros, a puño limpio defendió su honor. Hoy vale todo.

Llevaba el uniforme comando manchado de barro, la camisa sin botones y le faltaba la cristina. Tenía un moretón en la cara a la altura del pómulo. Qué le diría a su madre, cómo conseguir otra cristina. Apresuró el paso, miró la Farmacia Agricultura, pensó comprar un medicamento para el hematoma y siguió su camino.

Iba a cruzar la calzada cuando de pronto apareció ella. María Rosa la chica de sus sueños, aquella niña de delicada sonrisa franca y abierta que, lo había cautivado y lo hacía suspirar. Apresuró el paso, quería alcanzarla, pero recordó el moretón en el pómulo y el uniforme sucio. Se quedó paralizado a escasos metros. Mejor mañana pensó, dejó que ella siguiera su camino.

Unos pasos más adelante ella se encontró con una amiga, Rocío, era guapa pero sobrada, creída. No le gustaba juntarse con los chicos del barrio. Todos le decían la pituca, la lady de la cuadra. Ella pasaba sin mirar a nadie con la nariz respingada. Sólo conversaba cuando le convenía con María, como hoy.

Armando volteó la esquina y se dirigió a su casa, llegó y estuvo dando vueltas en la parte exterior. No se animaba a tocar el timbre pues sabía que su madre saldría a recibirlo. Dudó unos instantes y finalmente hizo de tripas corazón, puso cara de yo no fui y tocó el timbre. Adentro su madre dijo – abre debe ser Armando-.

Salió a recibirlo Alberto su padre que ese día, como nunca, había llegado temprano del trabajo. Él se quedó sorprendido al encontrarse cara a cara con su viejo, trató de taparse disimuladamente el hematoma. El uniforme lo delató de inmediato. Una mirada veloz y el padre descubrió lo que había pasado.

Con quién fue la trompeadera preguntó, vienes hecho una mugre, pareces un vago esquinero. Me imagino que te habrás defendido como te enseñé. Armando nervioso por el encuentro tan inesperado solo atinó a decir, fue con uno de esos chicos que me paran insultando y no aguanté más.

El amigo quedó en peores condiciones, hice que me pidiera perdón delante de su collera. El profesor “malas pulgas” nos descubrió y expulsó. Te han citado para mañana, si no vas no me dejan entrar. Irá tu madre porque yo no puedo, voy a Ica temprano a cerrar un negocio. No debes meterte en líos, tampoco debes aceptar insultos.

Sofía Jesús su delicada madre le aplicó un ungüento para golpes y moretones en el pómulo adolorido. Se preocupó mucho por lo de la citación, era la tercera en este año por el mismo motivo. Sabía que su hijo no era un santo, que sabía defenderse, el padre lo había preparado. Pero le molestaba tener que ir al colegio para ver el castigo que impondrían a Armando.

Luego de realizar las tareas escolares, al escuchar el silbido característico de los amigos, salió a jugar. Le preguntaron sobre el golpe en la cara y dijo que hubo mechadera, le había sacado la m…al otro. Su madre le encargó que fuera a la vuelta a comprar algunas cosas que faltaban.

No le gustaba que lo interrumpieran en su juego, puso cara de pocos amigos, refunfuñó un momento. Pero una mirada grave de su madre lo fulminó, igual tuvo que cumplir la orden. Se dirigió a la José Leal, a la tienda de Jovita, la señora que muchas veces les daba al fiar y a fin de mes le pagaban.

Caminaba apresurado porque quería regresar rápido, se encontró con Edgard hijo de un amigo de su padre. Hablaron sobre el tema que los apasionaba, sobre los próximos partidos del equipo de sus amores. Sí ellos eran hinchas del Garcilazo de la Vega, equipo del barrio, gran semillero de jóvenes talentos.

Siguió su camino, se cruzó con Jairo, uno de los vagos del barrio que solo se dedicaban a aplanar las calles. Pasó fumando su enésimo cigarrillo del día, dejando una estela de olor a nicotina. Apresuró sus pasos, saludó a la vendedora de anticuchos la señora Raquel y al voltear la esquina, se quedó paralizado.

Allí parado, bien pegado a la pared casi escondido, tratando de pasar desapercibido, cerca de la vendedora de anticuchos y pancita. Sí era él, estaba seguro, tenía en las manos una panca de maíz lleno de choncholí y se lo llevaba con las manos a la boca. Comía con gran fruición, temiendo se le acabara sin mitigar su hambre.

No cabía duda era el ídolo máximo del Garcilazo de la Vega, Pedro Perico León con sus grandes ojos marrones y una sonrisa de pan nuestro en su rostro. Armando solo atinó a sonreír y dijo ¡Hola Perico!, este le contestó ¡hola como tas! y siguió comiendo como si nada.

Armando olvidó lo que tenía que comprar y regresó corriendo a su casa, ingreso rápidamente con una gran sonrisa en los labios y mucha emoción, dijo con voz excitada por las circunstancias, lo vi y me contestó el saludo, con estos ojitos pardos lo vi, a quién viste, a un fantasma dijo su padre, ¡no! a Perico León que lo ha contratado el Alianza Lima

Así, gran novedad, ese moreno vive en la José Leal en un llonja, será tan bueno para el fútbol como lo pintan, claro padre. Es muy bueno, tiene muchos fanáticos siguiéndolo y triunfará en el Alianza, tu equipo. Ojala Dios te escuche, trajiste lo que tu madre te encargó. No, ¡pucha! por la emoción me olvidé, pero voy a comprar y regreso en un vuelo.

Perico León, jugaba en el Garcilazo de la Vega, luego fue flamante contratación del Alianza Lima, el cuadro victoriano más popular del país. En las eliminatorias para el mundial de México 70, Perico fue llamado a la selección nacional junto a otros grandes del balompié peruano.

Se logró la clasificación en Buenos Aires el año 69, con goles de “cachito” Ramírez y dieron una grande alegría al pueblo peruano, porque era la primera vez que una selección se clasificaba a un mundial. En esa selección brillaron Míflin, Challe, “Chito” La Torre, Campos, Rubiños, Teofilo Cubillas y otros. Perico León hoy vive, trabaja y se gana la vida en New Jersey, regresó para un gran homenaje de su club. Perico no supo guardar “pan para mayo”.

martes, 13 de enero de 2009

GINA


Gina una mujer exuberante, alegre y divertida de 24 años, enfermera en el hospital de la localidad, es asediada continuamente por Jorge Ladines, hijo de un próspero comerciante, que no tiene una actividad fija, hedonista por naturaleza, está a la búsqueda del placer y diversión inmediata, petulante y vanidoso, con fama de mujeriego y abusivo, está acostumbrado a golpear mujeres.

Gina no hace caso de las continuas insinuaciones que le brinda Jorge descaradamente cada vez que se encuentran en el pueblo o coinciden en alguna reunión social, porque ella vive enamorada de Jaime Contreras un médico, quien se encuentra realizando un residentado en un Hospital de prestigio en la capital, pronto se casaran y ella está preparando su ajuar con los consejos de su madre.

Una noche de abril Jorge y Gina coinciden en el cumpleaños de Abigail una amiga común, compañera de trabajo de Gina, que en el pasado había sido novia de Jorge y éste había abandonado por otra mujer, como siempre allí en el gran salón lleno de luces multicolores, se encontraron las miradas de ambos.

Jorge saluda cortésmente a Gina con una venia y una sonrisa, piensa-de esta no te me escapas ni ca-.

Jorge se convierte en el centro de atención de la reunión, bebe sin control, baila sin descanso, pero no despega los ojos de Gina, ella lo observa preocupada y temerosa por la insistencia, mientras las parejas se unen para bailar la balada “Te dije que te amaba pero te mentí”, Jorge se dirige a Gina para invitarla a bailar, ella viéndolo borracho no acepta la invitación, se despide de Abigail y sale de la reunión.

Al salir Gina al exterior de la casa, siente sobre su rostro la frescura del viento que le recuerda los paseos al lado de su novio Jaime, un sentimiento de nostalgia le invade, pero se sobrepone y se dirige a su vehículo en el estacionamiento, cuando esta por subir, siente una golpe en la nuca y pierde el conocimiento.

Cuando Gina despierta son las seis de la mañana del día siguiente y se sorprende porque se encuentra en un dormitorio y cama desconocidos, completamente desnuda, al lado duerme su borrachera Jorge, Gina lo despierta a golpes y le recrimina su proceder, él reacciona violentamente y le aplica una bofetada que la lanza fuera de la cama, se burla de ella, se viste y abandona el lugar, dejando a Gina llorando amargamente.

Los padres y hermanos de Gina, al ver que no regresaba de la reunión trataron de ubicarla, llamando a amigos, a la dueña de la fiesta, a la policía, sin resultados favorables, Gina llega a su casa y explica lo que le ha sucedido, a sus padres y hermanos y proceden a denunciarlo, porque un testigo vio como la subía a su vehículo ayudado por otra persona no identificada.

Jorge es detenido y es llevado a juicio, durante el juicio aparecen nuevos testigos comprados por el padre de Jorge que declaran a favor de su hijo que aseguran haberlo visto en otro lugar esa noche. Finalmente es absuelto en un fallo injusto nunca antes visto y repudiado por la población.

Luis y José, al ver la injusticia cometida con su hermana, planean una venganza, valiéndose de la ayuda de amigos y amigas de su hermana, observan de manera disimulada las actividades que diariamente realiza Jorge en la ciudad. Constatan que es asiduo concurrente al bar” La vida no vale nada”, un garito en las afueras de la ciudad, lleno de alcohol, diversión, maquinas de juego y mujeres que brindan placer.

Una madrugada de mayo, mientras la oscuridad se hace persistente y el frío cala los huesos, José espera escondido, mirando hacia la salida del Bar “La vida no vale nada”. Mira ansioso su reloj y la puerta del Bar.

Está escondido en un portón muy cerca a la zona de parqueo del Bar, vigilando, muy concentrado, de pronto alguien sale del Bar, él se pone tenso, saca la empuñadura de un arma de fuego, la persona se dirige en dirección a José, éste prepara el arma, pero se da cuenta que no es la persona que esperaba y guarda el arma.

Sigue vigilante, el frío le entumecen los músculos de las piernas y el frío le agarrota los pies, de improviso se percata que alguien ha salido del Bar completamente borracho, se ha detenido a encender un cigarrillo, es Jorge, sí es él, lo reconoce de inmediato a pesar de la neblina. Toma su arma

José observa que Jorge se dirige a su carro zigzagueando, se le acerca por atrás sigilosamente, en el ultimo instante Jorge voltea y reconoce a su atacante, solo atina a levantar los brazos. José le dispara cinco balazos uno por cada integrante de su familia y huye del lugar, a tres cuadras sube a su carro y se va a su casa muy tranquilo.

En su hogar recoge su maletín de mano y se despide de sus padres y hermana con un abrazo prolongado, ellos entienden lo que ha sucedido. Se impuso la justicia del hombre y no la del Estado. Otro día más en el pueblo, que ve alejarse a uno de sus hijos, el destino le hizo una mala jugada a su hermana. Así lo entendió. Pronto regresará, cuando todo este en calma...

lunes, 12 de enero de 2009

Gilde


Gilde una joven de 19 años, cabellos castaños, blanca, chaposa, de caminar cadencioso, recién había llegado a la capital, buscaba con la mirada un rostro conocido en la terminal del ómnibus, en vano esperó en el terminal la recogiera su prima Gabriela.
Con la dirección en la mano preguntó a un parroquiano y éste le dijo que caminara siete cuadras en una dirección arbitraria, allí tomas un taxi y se hizo al desentendido, pero hizo una señal a un fulano al otro lado de la acera.

Caminaba absorta con su maletín de mano por las calles del distrito de la Victoria, el barrio de la Parada, el más violento de Lima, se le acercó un moreno alto con una tibia sonrisa en su rostro macizo e intentó entablar conversación, ella continuó su camino, casi sin escuchar.

Con el temor reflejado en el rostro lo miró sin verlo y el olor nauseabundo que percibió del lugar, le produjo asco y por poco vomitó, aceleró sus pasos para alejarse de su acosador, sintiendo el aliento repugnante del afro peruano, que se limpia los dientes con un palillo al mejor estilo de la calle.

Gilde aterrorizada trata de alejarse del moreno, pero éste no quiere dejar su presa, se ha dado cuenta que otros gavilanes que pululan en esta tierra de nadie, ya se han comenzado a mover tras la presa, solo esperan un descuido del zambo, éste los ha contado son tres, el Cholo Fidel, el Flaco Sanpetro y el chino Joo, todos ranqueados, habían obtenido su maestría en “Luri”, la cárcel más notable de la ciudad.

Ella estaba muy aterrada, arrepintiéndose de haberse movido del terminal, se lastima verbalmente, se aguijonea el alma, se siente culpable, piensa -debí esperar a mi prima Gabriela y qué debo hacer, creo que debo serenarme-, alarga los pasos, casi corre con un temor que la abraza por la espalda, siente las manos del moreno en su brazo izquierdo que trata de calmarla, le dice que no tenga miedo, solo quiere ayudarla, acompañarla, las calles son peligrosas.

Su madre antes de embarcarse le había dicho ten mucho cuidado cuando llegues al terminal terrestre, no converses con nadie, en esas calles asaltan, violan, roban y secuestran, la policía ni aparece porque tienen temor a los delincuentes, ella recordó los sabios consejos de su madre, pero joven al fin, no hizo caso, parecía que su suerte estaba por cambiar.

Acelera sus pasos, cuando en su afán de desprenderse del moreno, cruza aceleradamente la calzada, casi la atropella un carro, de la ventana del conductor sale una imprecación, ¡mira por donde caminas c… al mirarla bien reconoce a su prima Gabriela y le vuelve el alma al cuerpo, el negro y sus compinches siguen de largo y sube a la volada al vehículo.

Te dije que me esperaras le dijo la prima, pero te demorabas mucho, la verdad que me salvé de esta. No sabes que este barrio está infestado de delincuentes. No me dijiste nada prima, quise ir a tu encuentro. Te dije que me esperes en la agencia. Bueno vamos.

El negro se para en la acera, observa y se alimenta de una mirada lasciva que corroe sus entrañas, se relame los labios y hace un gesto de desprecio, la pollita se me escapó, escucha una voz que le dice, ¡negro cojudo la dejaste escapar¡. El negro pensó, a la mierda lo que digan esos cojudos, la próxima vez no se me escapa cualquiera que sea la presa.

sábado, 3 de enero de 2009

Un sueño inolvidable.


Cuando Juan Francisco dormía en su plácida cama, el colchón de lana de oveja le brindaba un descanso reconfortante y placentero. Sus sueños eran dominados por ese deseo de poseer como mascota a una oveja pequeña. No es que contara ovejas para dormir, no, él soñaba con criar y ser su propietario.

Tenía 10 años, era un niño muy inquieto, vivía con su abuela en una casona inmensa. En el patio, bordeado de un jardín de magnolias, mastuerzos y cartuchos, jugaba futbol con sus amigos, en ese inmenso campo se divertía y compartía los ratos de alegría y bullicio propios de su edad.

Pero, su vida no estaba completa, había algo que lo inquietaba, su sueño más caro era poseer una oveja pequeña. Este deseo dominaba su quehacer y pensamiento diario. Hasta en el colegio se distraía muchas veces, sus compañeros se burlaban de sus deseos.

En toda conversación siempre aludía la posibilidad de que su abuela le comprara una, la abuela solo atinaba a escucharlo, no decía nada, además no disponía de dinero. Algunas tardes sentado frente al jardín de su casa, su mirada se perdía muy lejos, viajaba a través de los campos roturados, llegaba detrás de los cerros que circundaban la ciudad.

Soñaba que ya era dueño de una oveja, macho y pequeño, al que cuidaba con mucho esmero y dedicación, luego lo veía grande y fuerte. Volvía a la realidad reprendido por su falta de atención en clases, es que su imaginación fluía en las alas de su pretensión más querida.

En agosto, llegaban de Lima los hermanos de su abuela, Isidoro y Manuel. A la estación del ferrocarril, iba la carreta del “lorito” Zorrilla para trasladar las pesadas maletas, las cajas, regalos y otras sorpresas. Los tíos abuelos llegaban con su pletórico modernismo limeño, sus paraguas inservibles en la estación ausente de lluvias, su pipa sin tabaco; pero, ellos parecían haber olvidado las costumbres y el clima de su vieja provincia.

Ya en la casona antigua en plena ciudad, se unían con sus tres hermanas Carmen, Rosa y María la abuela de Juan Francisco, ellas los recibían con el afecto de siempre y juntos se sentaban para conversar sobre las novedades en la capital. En la vieja sala de la antigua casona de sus padres, los hermanos conversaban sobre sus experiencias, bajo la mirada de una gran fotografía de sus padres los bisabuelos de Juan Francisco.

En esa antigua vivienda sin alumbrado se reunían para el reencuentro anual, los de Lima y las que quedaron en Jauja. El patio oscuro como madriguera de lobos, por las noches parecía habitada, recorrida y adornada por la presencia de figuras fantasmagóricas y cuyo tamaño se agrandaba al cruzar el patio principal. Juan con temor pasaba rápido, desoyendo el silbido de los habitantes de la oscuridad. Se narraban muchos hechos luctuosos acaecidos durante la guerra con Chile.

Mientras los tíos abuelos, se sentaban alrededor de la larga mesa de madera en la cocina para la cena, disfrutar del mate de coca, toronjil, manzanilla o cedrón y superar el soroche, que a todo visitante afectaba al llegar a la provincia más famosa del Perú, Juan Francisco los observaba con meticulosidad, con atención y esperaba algún regalo, nada de nada al final.

Es que en Jauja famosa por su clima y buena comida, se curaban de la TBC, muchos enfermos que llegaban de la Costa, llegaron muchas familias limeñas de abolengo, se curaron y se quedaron, otros regresaron a su infaltable e inolvidable Lima.

En esa reunión se tomaban acuerdos sobre las actividades a realizar con los terrenos de cultivo, la granja, el censo de los eucaliptos y el reparto de las tierras mediante un sorteo imaginario, en el que la parte más gorda de los premios casi siempre se la llevaban los “limeños”. Grandes ventajistas.

De nada les sirvió no pudieron llevarse al más allá, algunas de “sus” propiedades, los terrenos de cultivo regresarán a la comunidad campesina, porque no pueden venderse, solo pueden pasar de padres a hijos. Sus hijos nunca quisieron regresar para hacerlas producir, triste final a la ambición desmedida y ventajista.

Al día siguiente, iniciaban la caminata de ocho kilómetros, por un camino sinuoso bordeado por tierras de sembrío, lleno de árboles de eucalipto. Llegaban a la casa hacienda, cerca a la laguna de Paca. Una construcción vieja cuyas paredes de adobe extrañaban tiempos mejores, los recibía una delegación de operarios que se encargaban del cuidado de las chacras, los animales y la casa.

Ese día lo dedicaban a descansar y planear, alumbrados por la mortecina luz de unas velas, que se repetía todas las noches que permanecían. Las actividades de marcado, pintado y sorteo de chacras para el año siguiente.

Con el canto del gallo giro, todos se levantaban, luego del aseo y de un buen desayuno con leche fresca, partían a la primera chacra, la más alejada, realizaban todo lo planeado, además asignaban al quinteo a cada hermano, en un orden, número y color arbitrario, que Pablo el más ventajista les asignaba.

Los operarios ayudaban con el marcado. Esta actividad se repetía en las otras propiedades en diferentes lugares. Al finalizar el sorteo de terrenos para cada hermano y terminar la asignación de cada árbol a cada uno de ellos, todos se sentían satisfechos y disfrutaban de un almuerzo con todos los ayudantes.

María no podía comprarle a Juan lo solicitado, sus hermanas, dueñas de varias cabezas de ganado prometieron concederle uno cuando naciera, para que no siguiera “jodiendo” con la cantaleta del “quiero un carnerito”. Juan tomaba con desconfianza la promesa, conocía bien a las tías abuelas, eran más duras que muñeco de torta.

Juan tuvo un sueño la noche anterior al regreso. Soñó que al pasar por una chacra camino de regreso a la ciudad, encontró un carnero pequeño, que balaba triste. Tan real fue que se despertó y corrió a contarle a su abuela. Al regreso los tíos Isidoro y Manuel se adelantaban, con seguridad para conversar de lo bien que les había ido en su viajecito de vacaciones y dejaban a las hermanas que retornaran con tranquilidad una hora después.

Juan, su abuela y las hermanas de ella, se desplazaban conversando, retornaban a la ciudad con la satisfacción de haber logrado su cometido, aunque se quejaban de lo injusto que era Manuel en el reparto de las tierras, los dos varones se habían asignado las mejores, cono todos los años y de pasada se había “sorteado” los mejores árboles, los más robustos para venderlos, mientras a las mujeres les tocaba los más escuálidos.

Faltaban aproximadamente tres kilómetros para llegar a la ciudad, estaban atravesando unos terrenos de siembra, que tenía los últimos residuos de la cosecha de trigo y cebada, de pronto Juan Francisco escucha el balido de una oveja madre y la respuesta de un pequeño, vio que la manada se alejaba con el pastor.

Juan Francisco, volteó en dirección del sonido y observó que entre los matorrales y restos de la pajilla del trigo y cebada, a duras penas trataba de incorporarse un carnero recién nacido, miró a todos lados y no había nadie cerca, entusiasmado y emocionado corrió y levantó en sus brazos a un animalito desvalido que llamaba a su madre y esta lo había abandonado.

Su sueño se hizo realidad y lloró de emoción junto a su abuela y hermanas que lo miraban abrumadas. Al llegar a la ciudad, ya en casa se dedicó a criarlo con gran esmero y dedicación. Pasó el tiempo y en diciembre de ese año, Juan Francisco se trasladó a Lima para estudiar, dejó desarrollado a su carnero al cuidado de su abuela.

En agosto del siguiente año, una tarde que regresó del colegio a almorzar, en la casa le sirvieron un exquisito plato, cuando preguntó qué era las tías le contestaron, es tu carnerito. Él se puso triste, recordó las circunstancias de su encuentro y su crianza, los momentos de la triste despedida al dejarlo al cuidado de su abuela; más luego todo pasó como una película, como pasan las vivencias buenas de un niño. Solo quedó en sus recuerdos.